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Aún sin haber llegado a ser nunca Weezer una debilidad personal, se ha de reconocer su influencia en un rock de guitarras con esporas pop, eléctricos, aguerridos, parcialmente densos, pero siempre condescendientes a la hora de no maltratar una melodía, como Pixies sin cargar con la responsabilidad de aportar nutrientes power pop.

Siete años después de debutar el guitarrista Brian Bell con su proyecto The Relationship, llega el segundo álbum “Clara Obscura” (Platoon 2017). Una lectura apresurada lo deja un poco en tierra de nadie: acordes de toda la vida, estribillos aceptables y esa manera casual de interpretar poco distintiva presente en cualquier grupo de amiguetes del pueblo. Hurgando no obstante empiezan a aflorar destellos de una dedicación mayor que la aparente, y sobre todo de una valía de las composiciones que pasan desapercibidas si no se presta atención.

Gran parte de las piezas, en un momento u otro, pican de la psicodelia californiana, a veces a través de cierta acidez de la guitarra (“Stranded By The Sea”) y otras por el candor de una nostalgia que apunta a Love. Cuando ceden a la melodía pueden llegar a equipararse a Teenage Fanclub. Tienen asimismo un par de momentos donde se evoca fugazmente “The Man Who Sold The World” -un verso en “Suzzy Don´t” y un pasaje de guitarra en “Working On Myself”-, alguno bien arreglado -en “This Year´s Children” mencionan a The Mamas & The Papas-, y la canción más currada es “Hawthorne”, con su intro de cuerdas -aquí se cita a Beach Boys– y su deje crepuscular. Treinta minutos humildes que van entrando sin prisas.