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Tienen razón quienes apuestan por lo que está consiguiendo Melina Duterte en Jay Som, sobre todo con la nueva grabación “Everybody Works” (Polyvinyl 2017). Canciones en apariencia sencillas sometidas a un baño de arreglos cambiantes y originales sin dejar de mantener una imagen de obra unitaria.
El universo de Melina podría definirse a grandes rasgos como ensoñador. Cierto, las dos vertientes de la etiqueta dream pop le pegan, aunque ambas no respondan a sus estereotipos individuales ni en conjunto. No es dream al uso, ni pop típico, ni dream pop tipo Sarah. Es algo más complejo. Lo repetitivo de los acordes de “For Light” cobra una dimensión nueva con los vientos. Sus piezas más eléctricas, como “1 Billion Dogs”, aunque atiborradas de fuzz, preservan cierta inocencia en el estribillo pese a coronarlo con una guitarra descocada. Puede entrar con voz de pátina muy dreamy en “Lipstick Stains” para después evolucionar hacia pasajes menos explorados, tomando elementos dispares hasta adaptarlos a su ideario. De hecho el esqueleto de “One More Time, Please” es R&B (imagínese con otros arreglos), y hay algo de funk camuflado en los riffs aguados de “Baybee”. Melina no rechaza coquetear con la distorsión subliminal ni con la baja fidelidad, siempre atenta a ornamentar un tramo si se muestra austero durante más de diez segundos. Hacia esta originalidad a la hora de buscar combinaciones variadas podríamos enfocar sus virtudes.