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Figura clave del rock nordestino del último cuarto de siglo, el pernambucano Otto dejó atrás hace tiempo la retórica reformista tanto de Mundo Livre S/A (grupo en el que oficiaba de percusionista) como de sus dos primeros discos en solitario –allá por el cruce de milenios-: samba mutante, chill out incandescente, asimilación hip-hop y mucho guiño fundacional –ahí está “Samba Esquema Noise” (Banguela, 1994), con el que debutaron Mundo Libre S/A y que terció como manifiesto del género resultante de todo ello, el manguebeat: el título aludía directamente al clásico de los sesenta “Samba Esquema Novo” de Jorge Ben, a su vez auténtico revulsivo en su día dentro de la samba-canção-.

Otto, en 2017 y después de unos cuantos discos más en solitario, continúa en pleno work in progress hacia un clasicismo pop más preocupado por el formato canción que por injertar de manera forzada estilismos -legados de su encorsetado papel como mero instrumentista- que en muchas ocasiones apenas aguantan el fragor de la coyuntura. En este sentido, su trabajo más logrado y convincente es el reciente “Ottomatopeia” (Press Pass), al que el socorrido término de disco de madurez no solo no le perjudica sino que hace total justicia en el mejor de los sentidos.

Ahora que Tribalistas están de vuelta con su MPB para todos los públicos, es de recibo situar en unos parámetros similares piezas como “Bala”, “Sorprei” o “Pode falar, cowboy!”, donde Otto despliega igualmente ese choro contemporáneo, práctico y contenido que tan buenos resultados le sigue dando al supergrupo brasileño. En otras como “Caminho do Sol” -verdadero momento culminante del álbum- el tratamiento de los teclados desemboca en su recta final en un excitante magma a la altura de los mejores Magazine. El rock mestizo vuelve a sonar con frescura en la relectura de “Meu Dengo” –entre Los Rodríguez y Los Fabulosos Cadillacs– a dúo con la intérprete original, Roberta Miranda, o en la más sonera “E Certo o Amor Imaginar”, con influjo bolerístico incluido. Más voltaje sónico ofrecen “Dúvida” o “Orumilá”, esta última con la presencia de Andreas Kisser, guitarra de Sepultura, en una concisa amalgama de samba y metal que pone el broche de oro a una colección desprejuiciada, libérrima, cariñosa y concluyente. Toda una fiesta.