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Otro compositor de compositores con riesgo de marchitarse en el semianonimato. Como Randy Newman sin la agudeza literaria. O como Jim Webb. O Burt Bacharach. El canadiense Ron Sexsmith tendrá momentos mejores o peores pero siempre mantiene el nivel. En esta ocasión tiene uno bueno con “The Last Rider” (Compass 2017).
Sus arreglos floridos a veces desconciertan al público venido del rock, quizás debido a que su instrumento base al componer es el piano. No le da vergüenza utilizar flautas y cuerdas para enaltecer la melodía. Pero por debajo de “It Won´t Last For Long” fluye el arte de lo bien hecho aunque no se detecte atisbo alguno de influencia actual (ni synth pop, ni hip hop, etc). Del presente solo recoge algunas influencias vocales tipo Rufus Wainwright (“Every Last One”) o Andrew Bird (“Worried Song”). Tiene una habilidad única para hermanar una estructura sencilla con un discurso musical elegante (“Evergreen”). Más incluso que por ejemplo un Paul McCartney. Y, cuando le salen las cuentas, los resultados son, por encima de las moralejas de cantautor -tipo Harry Chapin en “Dreams Are Bigger”, con la sentencia if your dreams are bigger than your worries you don´t have to worry about your dreams-, portentosos. Están en el medio del álbum, entre una “Who We Are Right Now” de escuela Jim Webb cuya perfección sublime deja maravillado, y una “Shoreline” que se desliza aterciopelada hasta la cocina del alma de los devotos de Paddy McAloon (añádase “Only Trouble Is” al ramillete).
Ahora mismo no es fácil predecir el futuro de Ron Sexsmith. Por un lado se hace duro mantener la ilusión sin apenas más recompensa que unas reseñas aduladoras. Por el otro no todos pueden jactarse de la reputación que merece entre los profesionales. ¿Cuánto debería bajar el listón para una acogida masiva? ¿Se puede vivir de los elogios? ¡Por favor, que algún artista famoso haga una versión suya y le llene la cuenta bancaria! Para que siga haciendo la música que en estos momentos hace sin ningún competidor a la vista.