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Calibrar los niveles de intimismo de Sam Beam disco tras disco no es tarea fácil, pues el enfoque de cada grabación apunta a estados de ánimos distintos. En cualquier caso, tras la dulce desolación de “Our Endless Numbered Days”, incorporó elementos musicales enriquecedores que esbozaron decenas de direcciones distintas con un denominador común: casi todos los trabajos de Iron & Wine intentaron ser superiores a su antecesor.
También “Beast Epic” (Sub Pop 2017), aunque vaya a pasar más desapercibido -por alguna desconocida razón de mercado- que un “Ghost On Ghost” muy difícil de superar. Aunque no albergue dos piezas de brillo vintage como “The Desert Babbler” o “New Mexico´s No Breeze”, destila empaque. La primera pieza `fácil´ del lote es “Bitter Truth”, una preciosidad coqueteando con el country que podría encabezar cualquier disco de M. Ward (me encanta compararle a Matt cuando tira de los acordes clásicos). Sin embargo la siguiente, “Song In Stone”, silvestre como el Van Morrison de las cuerdas acústicas invernales allá por “Veedon Fleece”, le pone a un nivel tan elevado que dinamita cualquier comparación que no sea con alguna otra canción suya. Y dentro de las limitaciones de un estilo acotado a propósito, ofrece un abanico variado de ambientes. El recogimiento de “Summer Clouds”; la subliminal fragancia festiva repleta de detalles de “About A Bruise” -el eco al pronunciar bang, o esa pincelada de gospel sureño entre las dos veces que pronuncia la frase this is Alabama; el minimalismo subterráneo -pese a la utilización de varios instrumentos de cuerda- en la estructura de “Last Night”; o la savia ancestral de “Call It Dreaming” y “The Truest Stars We Know”.
Un álbum que no copará los primeros lugares de las listas anuales y deberá conformarse con posiciones más humildes. No porque no lo merezca, sino porque somos como somos; damos prioridad a los talentos nuevos sin valorar los méritos reales.