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La música, como cualquier manifestación artística que se precie de llamarse así, es capaz de trascender barreras idiomáticas, culturales, y te permite interrogarte en relación a gente distinta a ti, y que, sobretodo, siente y vive de manera diferente a ti. Esa mirada exenta de etnocentrismo permite disfrutar de sonoridades alejadas de tu acerbo cultural pero que te nutren el espíritu y el alma. Saber mirar, esa es la cuestión. Nuestras creencias y conocimientos afectan a la manera en la que miramos las cosas, eso decía John Berger, y es un axioma que desde hace años tomé como guía a seguir al pie de la letra. Y por esa senda, algunas veces escarpada, otras suaves planicies, transito desde que decidí ponerme a escribir sobre música.

Todo esta parrafada para intentar contarles que hay vida más allá de la música estereotipada en los cánones occidentales. En este blog intentamos, de vez en cuando, dar debida cuenta. Con modestia, porque quien esto suscribe no es un gran entendido en la materia salvo el interés que me suscitan los recopilatorio del sello de Seattle Sublime Frequencies, o la gente de Honest Jons, las sonorizadas de Oriente Medio son de un virtuosismo sin parangón. Para muestra esta obra maestra titulada “Lekhfa” (Mostakell, 2017) que nace de la unión de tres grandes músicos:  los egipcios Maryam Saleh (una de las mejores voces que he podido escuchar en mi vida) y Maurice Louca, y el palestino Tamer Abu Ghazaleh.

En este disco encontrarán una rica paleta cromática a base de un tupido y sensual y intrigante armazón melódico recurriendo a una variedad de instrumentación de ensueño: guitarras, sintetizadores, bajos, loops, slides, mizmar (instrumento de viento turco), buzuq, etc. En los meandros de estos surcos hallaran preciosas canciones que combinan  pop árabe de reminiscencias noventeras (Cheb Khaled asoma en algunos tramos), blues terroso, tribalismo africano, experimentos progresivos, y conatos de electrónica. Un espectáculo.