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El currículo de John Darnielle al frente de The Mountain Goats suma un cuarto de siglo y dieciséis álbumes, siempre manteniendo alto el nivel de su indie folk mutado. Después de tantos años, es natural -por aburrimiento o lógica evolutiva- que se plantee nuevos retos.
El hilo conceptual de “Goths” (Merge 2017) se define desde su mismo título; un repaso a las vivencias adolescentes del autor escuchando rock gótico en California. La percusión siniestra de “Rain In Soho” anuncia que algo pasa, y el discurrir dócil de “Andrew Eldritch Is Moving Back To Leeds” no esconde la trama relacionada con el personaje de The Sisters Of Mercy. Numerosas referencias pueblan las demás canciones. Casi con tono íntimo en “The Grey King And The Silver Flam Attunement”, Darnielle confiesa I´m pretty hardcore, but I´m not that hardcore ribeteándolo con perfil de jazz ambiental (por cierto, para ser un disco con el goth en mente, viene completamente exento de guitarras) a medida que desempolva vicisitudes de un cantante del género en los 80: el auge, la realidad sobreviviendo festivales mastodónticos en el continente sudamericano (“For The Portuguese Goth Metal bands”), las drogas (“Paid In Cocaine”) y la caída. Lo hace con la soltura de la experiencia (sin despeinarse en “Unicorn Tolerance”, elegante como Steely Dan en “Stench Of The Unburied” con alusiones al ambiente en KROQ y a Siouxie & The Banshees), a remolque de viñetas pretéritas (nobody wants the 12 bar blues from a guy in platform shoes, canta en “Rage Of Travers”): “Shelved” (not gonna tour with Trent Reznor), “For The Portuguese Goth metal Bands” (and the one Celtic Frost record almost everybody hates), y sobre todo el final en “Abandoned Flesh” con el repaso de la escena (Robert Smith is secure at his villa in France… Siouxie has enough hits to keep the bills paid… but the world forgot about Gene Loves Jezebel, whether you´re The March Violets…Red Lorry Ywlow Lorry were on Cherry Red I think…to be fair to Gene Loves Jezebel, Billy Corgan brought them on stage, it was 2011) con la gran serenidad de la sección de viento tras el piano eléctrico. Una imagen sonora recurrente tras la muerte de Walter Becker de Steely Dan.
En definitiva, un trabajo distinto para espantar a la abulia. Muy interesante.