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Músico fuera de su habitat natural de los experimentales Kayo Dot, en esta ocasión Toby Driver exorciza los demonios del deseo en una tortura de slowcore dulce de seis piezas llamada “Madonnawhore” (The Flenser 2017) tras doce años de inactividad en solitario.
Destaca “Avignon” con sus acordes ingrávidos, suspendidos en los confines de un sueño en el que se respiran bocanadas dispersas entre la bruma que rodea arquitectura tan severa. Remata el ambiente de morfina sórdida una “The Deepest Hole” que parece implorar con guitarras pensadas desde la perspectiva de quien se encarga de repicar en el campanario. Al lado de semejante despliegue mortuorio, a su lado el Mark Eitzel de “California” o The Blue Nile suenan a fiestorro de banda de graduación universitaria. Tras un relativo respiro con “Parfisal”, el paso fúnebre en “Boy On The Hill” alcanza la cima. 6 canciones, 43 minutos: dividiendo -e imaginando un cielo de romanticismo negruzco- puede hacerse uno a la idea panorámica del paisaje tremendamente envolvente que este nativo de Connecticut dibuja.