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Cada cierto tiempo necesito una ración de épica bien entendida. Música que eleve mi estado de ánimo y que a la vez desperece las partes de mi cuerpo con terminales sensoriales de activación fácil. Y cuando esta ración sobreviene inesperadamente, el agradecimiento se deshace en adjetivos benignos.
Desde Athens, Georgia, reaparecen Manchester Orchestra con su quinto álbum. Tiene el reverb vocal de Andy Hull en “A Black Mile To The Surface” (Loma Vista 2017) la misma facilidad de penetración que el Jim James de los viejos tiempos de My Morning Jacket. Arranca en “The Maze” cual plegaria y, tras bucear en la dulzura tonal de unos HAL en “The Gold”, dejarse llevar por cierta urgencia británica (“The Moth”) y pulsar la deuda con Fleet Foxes en la sentida “The Alien” -aquí brotan también narraciones de gran calado: abusos paternos, adolescencia díscola, etc-, encaran la parte del álbum demoledora con “The Grocery” como piedra angular, combinando lo íntimo (“The Parts”) con lo grandioso (el final de “The Silence”). Todo muy sopesado por las buenas manos productoras de John Congleton y Catherine Marks.
Puede que dentro de unas semana este álbum deje de importarme tanto como actualmente. El tiempo lo juzgará, pero ahora mismo no hago más que escucharlo una y otra vez. Y así quiero que quede reflejado.