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Seducción masiva. Título bien explícito, y portada donde Annie Clark juega con las referencias  y  la simbología fetichistas -esa portada que recuerda a  Poison Ivy-, la estética de látex arty, el rictus lacónico, Almodóvar y WarholPee-Wee Herman y Musidora. Una artista total que llega al Everest de su carrera con este estupendo “Masseduction”(Loma Vista, 2017) lleno de texturas y registros camaleónicos.

En su quinto disco la de Oklahoma también entrega un diario personal con fuerte carga emocional, una especie de catarsis para liberarse del dolor. Todo ello en una puesta en escena con fondo de neones, colores chillones, y animal print. El dolor permite un resquicio a la (auto)parodia.
Una St. Vincent  que canta a sus adicciones en “Pills” (“Pills to wake, pills to sleep/Pills, pills, pills every day of the week/Pills to walk, pills to think/Pills, pills, pills for the family”) en una especie de funk sintético y mutante con el zumbido peculiar de su guitarra irrumpiendo por sorpresa, al igual que en “Masseduction” (con guiños en la letra a Nick Cave y Charlie Mingus). 
Baja las revoluciones en la soberbia “New York” en donde ese “hero” al que hace referencia en la letra es un homenaje a su adorado David Bowie, y el  registro de su voz al piano me recuerda al de Laura Nyro; el trote de “Sugaboys” (un tema que retrata la desesperación extrema “Oh, here I am/Your pain machine”) y esos coros recuerdan sobremanera a la etapa noventera del Duque Blanco, mientras que en el discurso feminista de “Los Ageless” se ven las costuras bien hilvanadas por Martin Gore. En “Savior” tira por el lado libidinoso de Prince, y “Happy Birthday, Johnny” cautiva por su pedal steel y los versos más tristes del mundo. Le ha salido bordado.