Vamos a ver. Existe un Jim James, demasiado escondido entre la vorágine del mercado -el Jim james de falsete y guitarra acústica- cuya espiritualidad se muestra en los primeros trabajos de My Morning Jacket hasta convertir un simple grupo de rock -sureño si se quiere- en un dogma de fe -para unos cuantos, cierto- a la altura de Radiohead. A partir de allí nos la mostró a cuentagotas, tres canciones en un disco, dos en otro, y últimamente alguna escondida en un tema de esos nuevos con incorporación de electrónica vetusta de empaque soul seventies. Sin desmerecer por supuesto la enorme sensibilidad desplegada en casi todas las demás.
Uno de esos momentos mágicos consistió hace años en la grabación de un disco-tributo montado enteramente con versiones de George Harrison a palo seco. Él a solas con su guitarra, su voz infinita, y los ecos de una intimidad mágica fruto de la devoción musical. Ocho años después vuelve a explayarse con otro discos de versiones, “Tribute To 2” (ATO 2017), ahora de compositores variados. Una pincelada de bienestar nostálgico con segundas intenciones a base de clásicos pasado por la peculiar máquina del tiempo de James, la del tiempo que nos traslada a su tiempo privado a través de un vehículo muy personal. Escuchando la primera, una “I Just Wasn´t Made For These Times” de Beach Boys ralentizada en clave soul nocturno con sample de Isaac Hayes a la cual inocula su propio valor añadido, no puedo evitar compararla con aquellas clásicas revisadas por Todd Rundgren en “A Wizard A True Star”.
La parte retro del disco se compone de tres piezas tipo años 30 (el trabajo se cierra con “Blue Skies” de Irving Berlin), alterando en alguna de ellas la alegría original por un tono más reflexivo. En cuanto a lo vistoso, una versión country de Dylan algo esclerótica en percusión (“I´ll Be Your Baby Tonight”) y, pásmense, el “Lucky Man” de Emerson Lake & Palmer reivindicando la fibra de cantautor de Greg Lake.
La clave del disco no obstante se sitúa precisamente por mayoría en esos temas acústicos donde deja ir su voz en comunión con sus pensamientos. Toma de “Crying In The Chapel” y ecos sombríos de “Baby Don´t Go” aparte, imposible no resistirse ante ese falsete -sí, más rugoso pero aún imponente- en “The World Is Falling Down” de Abbey Lincoln, en la manera y pausa al soltar `the world is falling down…hold my hand´, resumiendo brutalmente la ansiedad de los momentos actuales que nos invade. También está la versión de “Funny How Time Slips Away” de Willie Nelson (por cierto, este último, además de Frank Sinatra, Perry Como, etc, también interpretó “Blue Skies”). Podría pensarse que es un error incluirla, pues Nelson respaldó presencialmente la versión de Glen Campbell hace tan solo seis meses. Sin embargo escuchando la profundidad del sentimiento de James, queda muy clara su intencionalidad.
Y por último se ha de mencionar, en idéntica clave, “Wild Honey” de Diane Izzo. Artista fallecida a causa de un tumor hace seis años con un álbum en solitario, se había labrado un nombre -sobre todo en la escena de Chicago- tras abrir para numerosos artistas, desde Townes Van Zandt hasta Sparklehorse. Hace no mucho Jeff Tweedy intentó reivindicarla con alguna versión suya, y Fruit Bats le rindieron homenaje incorporando “Wild Honey” en “Tripper”.
Denunciando la pérdida prematura de una artista capaz de producir semejante belleza, y la de otros nombres aparecidos en párrafos previos, James no solo expone once temas que le agradan, sino que pone sobre la mesa las preocupaciones existenciales del más alto nivel.