La hija de Jane Birkin Serge Gainsbourg es una artista magnífica. Actriz con una prolífica carrera a sus espaldas con más de un altibajo, la nueva musa de Lars Von Trier reaparece de nuevo como cantante y compositora tras dejar el listo bastante alto con su anterior “IRM” (2009). Lo ha hecho a lo grande, con uno de esos discos por los que se recuerdan a una artista y que marcan un punto de inflexión.

En este magnífico “Rest” (Because, 2017)  la vemos posando en portada como un remedo de Patti Smith chic, y sus surcos destilan una necesidad de exorcizar fantasmas del pasado (cuenta la propia hija de Serge que la huida a Nueva York la ayudó a pasar página del dolor por la pérdida de seres queridos), y en esta performance redentora está bien acompañada por la inmejorable producción de SebastiAn, y colaboraciones como la de Paul McCartney Guy-Manuel de Homem-Christo del grupo  Daft Punk.
Unas canciones desde las que emanan un torrencial caudal de ideas, todas ellas excitantes y que entroncan (no podía ser de otra manera, ¿o sí?) con la estética perversa y sexy marca de la casa. Para comprobarlo mejor me dejo acariciar por las atmósferas góticas y sintéticas que barnizan canciones como “Ring-a-Ring O’ Roses” “Lying with you”, cuyo distante magnetismo recuerdan, la primera a “Love On The Beat”, penúltimo disco oficial de su padre, y la segunda a la banda sonora de una película de terror giallo
En la hermosa “Kate” la actriz de Melancholia recuerda a su hermana fallecida, y sale triunfante del envite arrimándose al synth pop de los Daft Punk más unos toques vaporosos (arreglos de cuerda primorosos, vale la pena decirlo) que matarían por ellos los mismísimos Air. Una preciosidad vaya. La cosa se distensiona con el funkysintético de “Deadly Valentine” (en cuyo vídeo colabora Dev Hynes en un claro guiño a su amigo Von Trier), mientras le sigue una “I’m A Lie” cuya herencia es marca registrada. En “Rest” la Gainsboug aúna erotismo e informática a la manera de la última Goldfrapp y nos mete un gol por la escuadra de los que duelen. También se atreve a cruzar a Prince con Daft Punk -inspirándose en un poema de Sylvia Plath- en “Sylvia Says”, y acto seguido en “Songbird In A Cage” -con Macca en la guitarra- se inventa algo parecido a una canción de Wings compuesta por Yoko Ono. Acaba este excelso cancionero con la larga “Les Oxalis” que encajaría en cualquier disco de Blood Orange y quieres que dure el doble. La amo.