Impone en una primera toma la voz de Peter Oren. Contiene en sus matices el poso riguroso, severo, viril, recio, que precisa quien solo dispone de poco más que eso y una acústica para hacer valer sus textos. Este nativo de Indiana residente en Chicago ha aprovechado los contactos de la gran ciudad -el percusionista Ken Coomer de Wilco produciendo- y su notoria disponibilidad como hogar de sonidos acústicos de madera noble para confeccionar “Anthropocene” (Western Vinyl 2017), un dechado de media hora de cantautor austero.
Se muestra en deuda con las raíces -la mención natal en “Falling Water”-, basculando entre un John Martyn norteamericano con tendencia a decorar los detalles en plan American Music Club con guitarras lloronas afiladas tipo Vudi, cortesía de Sam Wilson (Sons Of Bill) y Laur Joamets (Sturgill Simpson). De hecho hay bastantes temas que evocan al grupo de Mark Eitzel de la etapa de “California”, y alguno -“Chain Of Command”- busca el discurso melódico de The National. Para el epílogo en “Welcome/Goodbye” saca las cuerdas, dotando a esta media hora -diez canciones- de un tono final cinematográfico que presagia exploraciones más ambiciosas. Probablemente “Anthropocene” sea el álbum que John Murry debiese haber publicado tras “The Graceless Age” en vez de “A Short History Of Decay”.