Siempre me ha gustado ese punto de rebeldía de Andrew Bird. Se somete a las reglas comerciales del mercado para subsistir, pero a menudo publica grabaciones periféricas experimentando con elementos afines a su música y estilo. A veces es un complemento instrumental acompañando un álbum oficial, otras un disco homenaje a The Handsome Family, y ahora se trata de “Echolocations: River” (Wegawam 2017), segunda entrega de su proyecto Echolocations dedicado a la naturaleza (el primero fue Canyon) con música instrumental sobre grabaciones de campo. Esta vez el susurro del río sirve de colcha a las ocho piezas, con el violín como protagonista absoluto. Minimalismo en la carcasa y en el puente de mando; trinchando las cuerdas, pellizcándolas para obtener la secuencia rítmica mientras despliega las melodías con la vara.
Andrew recoge algunas de las melodías conocidas -la de “Lazuli Bunting”, la de una “Down Under The Hyperion Bridge” donde también silba y suelta algún gorgorito- y las deconstruye a modo de sinfonías cubistas. Todo muy envolvente, placentero, así como hermoso en bastantes tramos, escapándose del recinto formal de la canción pop en busca de paisajes más amplios. Seguiremos esperando la entrega de los tres restantes -City, Lake y Forest- para completar la serie.