“Foxhole” (The Proper Ornaments). Menos atlético que el anterior -o que Ultimate Painting- el disco es un gran ejemplo de evolución bien entendida. No se queda atrás, no rompe del todo y, aún confirmando que siguen siendo ellos, aporta novedades de peso. Sobretodo para quienes gustan de la psicodelia sutil placentera, sin sobresaltos ni lisergia gritona. “Cremated” y “Memories”, muy bonitas, merecen que empiece a preguntar. ¿Te gusta Michael Head? ¿Algo más sedante? ¿Los Beatles de “Abbey Road”? Falta un pelín de concisión componiendo para evitar ciertos devaneos melódicos, pero lo esencial está allí. La Costa Oeste lánguida en “Back Pages”. The Clientele en “1969”. Las voces dobladas tipo Pink Floyd en “When We Were Young”. La reseña de Pitchfork lo resume bien: a veces compensa ser agradecido en vez de cínico.

 
“Beauty & Sadness” (Horsebeach). Estos británicos reconocen la influencia del clan de Real Estate. Parecen no obstante gozar de menos prestancia con los instrumentos, aunque son hábiles a la hora de conseguir sonar lánguidos, líquidos y dreamies. No se cortan juntando dos instrumentales seguidos (“Breeze”, “Theme For Sadness”) para repuntar el álbum con melancolía artesana (“Beauty & Sadness” con esos tecladillos glaciales y voz femenina doblando) de regusto neoyorkino. Sin ser nada excepcional, me molesta la poca cancha mediática que ha tenido pues para mí es un grupo recurrente cuando tengo el estado de ánimo en modo otoñal. Dentro de 20 años serán rescatados por los mismos bobos que ahora les ningunean.

 
“The Surfing Magazines” (The Surfing Magazines). Seguramente se trata de un pasatiempo para desentumecerse sin más motivaciones. The Surfing Magazines se compone de dos miembros de The Wave Pictures (David Tattersall y Franic Rozycki), Charles Watson de Slow Club y el percusionista Dominic Brider, y sus miembros definen este primer álbum como garage rock. Escuchando el disco con el currículo de sus componentes en la mente, cuesta respaldar la afirmación, por mucho que sea un disco eminentemente más eléctrico de lo esperado.
Si se utiliza el término garage, se deben referir a los seis minutos humeantes de “Sawdust In My Eyes”, en el que podrían vislumbrarse trazos de Spacemen 3 si obviásemos que la voz es demasiado agradable. O a la energía con grasa light que desprende “New Day”. También el saxo groovy de “Peeping Dom” y “A Fran Escaped” podría conllevar un paralelismo con el término; o el ritmo tipo Bo Diddley de “Goose Feather Bed”. No obstante, el blues cristalino de “One Of These Days” deja claras las cosas: el suyo es un músculo de guión no curtido en las batallas del exceso. Garage sí, pero de casita en el campo.

 

 

“Wild Kingdom” (Cotton Mather). Muchos años y muchos discos llevan estos tejanos entre pecho y espalda. Con un pop saludable, más rudo o más pulido según los tiempos y las circunstancias. Aunque esta vez no tan rugosos como Posies ni tan chisposos como Supergrass, se creen facultados para utilizar la palabra rock & roll con orgullo en “The Cotton Mather Pledge”, la canción que abre su nuevo trabajo. Lo predominante sin embargo es el esquema clásico de pop de guitarras una vez más -reincidiendo tras el disco anterior- inspirado, según ellos, en la doctrina del oráculo I Ching. Las piezas más atractivas llevan el sello clásico onda Beatles. “Girl With A Blue Guitar” es pop puro, al igual que “Fighting Through”, “Hijings Dad” y una “The Army” con ese arrastre vocal de tipo Squeeze, siempre con un hueco para que la guitarra acústica lidere (el singalong de “California”, o “It´s Better Not To Be A King”). Quizás la única pieza ambiciosa en el sentido musical sea “High Society”. Pop clásico desacomplejado.

 

“Light Information” (Chad Vangaalen). Justificar en su discografía que no es un mero productor canadiense de escuela Arcade Fire, ése es el objetivo. Chad propone un cóctel de psicodelia urgente (“Golden Oceans”) esculpida con zarpazos de guitarra rítmica lo-fi/sci-fi tamizada por su experiencia como productor. Muy conseguido lo relativamente vulnerable (“Pine And Clover”) y lo sensible (muy bien en “No Fool”) aunque se le ve más excitado -que no mejor- probando con ambient espacial minimalista en el instrumental “Prep Piano And 770”. la referencia a Arcade Fire se percibe en el arranque (“Mind Hijacker´s Curse”).

 
“Love Is Love” (Woods). Media hora continuista tras el excelente disco de l 2016. Consolidan la trompeta y el saxo para añadir músculo. De este modo, “Love Is Love” se convierte en un híbrido multiforme -pop, soul, funk y jazz en una misma canción- que abre y cierra el disco. “Bleeding Blue”, también con vientos concisos y solventes, coquetea con el título del álbum en clave sixties -¿alguien recuerda a Gary Puckett & The Union Gap?- y “Lost In A Crowd” deslumbra con su folk con teclados, quedando como pieza central para experimentar los diez minutos de “Spring Is In The Air” con un desarrollo pausado de tintes orientales.