“Communicating” (Hundred Waters). El entramado que le montan sus dos compañeros a la voz de Nicole Miglis es de ensueño (digital). Puestos a trajinar con electrónica, preferibles son quienes van en linea recta que quienes buscan líos sonoros -Björk, FKA Twigs- para conquistar pabellones auditivos resecados por la edad. Pese a estar en la discográfica de Skrillex -se nota en “At Home & My Head” y en una fantástica “Wave To Anchor” cuya base de piano lleva en volandas lo que debería ser un hit-, se endurece solo en apariencia. Este final angelical de “Prison Guard” cuando los teclados se abren a la luz; el vals lentorro camuflado en “Firelight”; la fragancia retro de “Re:”, el alma vertida en “Blanket Me”, y los restos de la batalla recogidos al amanecer en “Better”. Sensibilidad (digital).

 

“Microclimate” (Porcelain Raft). Decir que el tercer disco de un grupo es similar a los anteriores no supone un descrédito si éstos eran buenos. Mejor, implica admitir que su sonido, pese a las ventas escasas, se ha consolidado. Dream pop desde el prisma del synth pop (“Distant Shore”), repleto de piezas excelentes (“Rolling Over”, “Big Sur”, “Bring Me To The Water”, “The Greatest View”, “Rising”) que en los tramos blandos se escora hacia Beach House (“Kookaburra”, “The Poets Were right”). Como contrapartida, de vez en cuando (por ejemplo en “Accelerating Curve”) se deja brotar una veta oscura relativamente retorcida. ¿Para acentuar el brillo de las demás? Banda claramente infravalorada.

 
“Sunny Hills” (All We Are). Parecía que el segundo de esta formación noruegobrasileñoirlandesa -tras un primero producido por Dan Carey- tampoco iba a convencer al haberse inclinado por la opción menos previsible, la de un dance industrial. Pero al darle una segunda oportunidad subiendo el volumen, todo empieza a cuadrar. El beat aguerrido entre New Order y Depeche Mode de “Down” prende fuego, “Burn It All Out” parece a gusto en la cámara de los Horrors, y con “Animal” se entra en una fase explosiva que incluso roza la violencia sónica en “Down”. Hierro y óxido crujiendo entre diversos bpms, producido por Kwes.

 
“Tenderness” (Blue Hawaii). El dúo se distanció durante cierto tiempo, cuando Raphaelle Standell-Preston se implicó en Braids. Este segundo retorno es más luminoso y en buena parte ligado a la pista de baile de clubs selectos a través de su house electrónico (“Free At Last”, “Tenderness”) salpicado por excursiones paralelas (disco eighties en “No One Like You”). Durante la segunda mitad se aventuran en meandros menos bulliciosos, recurriendo al espíritu elegíaco de una Björk pretérita domesticada (“Younger Heart”) y a un manojo agradable de downtempo (“Make Love Stay”, “Searching For You”, “Do You Need Me?”). El cierre corto con “Far Away Soon” es acústico. Como debe ser.

 
“Field Of Love” (Mozart´s Sister). Llegué a ella porque giraba junto a Teen Daze, porque participó en algún proyecto de Miracle Fortress, y porque practicaba un estilo parecido al de su amiga Grimes. Lo de Caila podría ser R&B camuflado en electrónica y beats. Algunas canciones (como “Moment 2 Moment” o “My Heart Is Wild”) prometen engancharse pero no todas lo logran. Y por mucho que introduzca alguna provocación verbal (en “Angel”) o busque detalles originales (la steel drum sintética de “Who Are You”), no consigue llevar estas piezas a la plenitud. Enriquecer su laptop debería ser la primera medida futura pese a la buena utilización que hace (“Baroque Baby”) de su contenido actual.

 

“Finding Me Finding You” (Laetitia Sadier Source Ensemble). A medio camino entre la tropicalia, Stereolab, una pizca de Broadcast y lo afrancesado, Laetitia lo prueba con resultados mixtos. La presencia de Alexis Taylor de Hot Chip en “Love Captive” es una garantía pues su voz humaniza todo lo que interpreta. Paradójicamente, cuando parece que se le va la mano con los coros fraternales de orquesta sixties, acaba generando una dinámica muy Sean O´Hagan. Y toda la grabación destila una intencionalidad en los argumentos con suficiente coartada intelectual, que sin embargo topa con la realidad: las formas son perfectas y el discurso militante, pero la mayoría de las canciones -aún transmitiendo `sensaciones´- no calan.