“Electric Lines” (Joe Goddard). Un tratado de electrónica aplicada sutilmente a la música de baile preservando el espíritu pop. Como suele ocurrir con cualquier asociado de Hot Chip, el álbum desborda con momentos emocionantes. Abre y cierra con la ayuda de la vocalista Jess Mills y, sobre todo, se hace notar en “Music Is The Answer” gracias al sample de Danny Tenaglia. “Nothing Moves” es muy Hot Chip. En “Electric Lines” comparece Alexis Taylor. El beat de “Lasers”, implacable durante un rato, muestra la influencia del techno (presente sobre todo en su proyecto The 2 Bears). Y los coros tipo “Ain´t No Mountain High Enough” son subsidiarios del sample de Emotions en “Lose Your Love”. Pero el que más funciona es el de “We´re On Our Way Home” de Brainstorm en “Home” junto a la voz de un emergente Daniel Wilson. Como postre en la edición delux, la irreverentemente seca “Funk You Up”, “Bumps” y full version de “Lose Your Love”. Beats, electrónica y satén. Un lujo de disco.
“The Weather” (Pond). Compinches de Tame Impala esta vez producidos por Kevin Parker, han querido saltar al carro de “Currents”. Al menos tres o cuatro canciones se alejan de las ínfulas prog para abrazar el becerro eufórico/melódico de “Let It Happen”, “Eventually” y cía. Excelentes -no tanto en directo- “Sweep Me Off My Feet”, “Paint Me Silver” y “Colder Than Ice”, son el placebo perfecto para sobrevivir con la esperanza de que nos vuelvan a agraciar con más temas así.
“Rennen” (Sohn). Necesito una visita al médico, tengo mal cuerpo. Con lo que me gustaba el anterior de Sohn, y no hay manera de que me entre el nuevo. Me sobra la pátina con que a veces la electrónica embadurna las composiciones hasta desproveerlas de un sentimiento perceptible más allá del quejido vocal. El énfasis está puesto en lo rítmico (“Falling”) obviando lo delicado, recurriendo a lo negro (“Dead Wrong”) para aparentar soul (alma). Ok, aporta nuevas sensaciones. Que a mí personalmente no me interesa explorar más allá de Radiohead (“Proof”). O cuando prevalece lo sónico sobre lo cardíaco.
“Mister Mellow” (Washed Out). No sé hasta qué punto sigue en vigor su propuesta. Esa nebulosa en el synth disco pop es como el suavizante en la lavadora rítmica. Todo se desliza sin sobresaltos a modo de papilla aural, imperturbable con ese repiqueteo -podría “Hard To Say Goodbye” haber sido incluida en “Vegas Intl. Night Scchool” de Neon Indian hace un par de años- apto para clubs donde nadie le presta la debida atención ni pide al DJ el título del tema. Y es que ya han pasado ocho años de aquel recomendable mini “Life Of Leisure”.
“Boo Boo” (Toro Y Moi). Bundwick ha conseguido que no sepamos con qué nos vamos a encontrar al abrir un nuevo disco suyo. La excursión coqueteando con estructuras de pop clásico en “What For?” ha sido al parecer efímera. Aquí vuelve al redil del pop actual, el de los sintetizadores con algo de autotune. No es un dato negativo en sí -tiene un toque nocturno personal- pero básicamente le pone en el mismo cajón que decenas de otros productos. A veces la fórmula sienta bien (“Girl Like You”, “Labyrinth”), en otras sin embargo suenan los sintes alicaídos (“Mirage”) o se pierde en su nube sintética. Me quedo con las canciones que parecen buscar, independientemente de los arreglos, un estrato romántico melódico superior (“No Show”, “W.I.W.W.T.W”): salvando las distancias, similar al de Butterfly Child.