“A Short History Of Decay” (John Murry). ¡Cinco años ya desde “The Graceless Age”! ¿Tanta presión padeció para superarlo? Al parecer surgieron causas personales ajenas a la música. En cualquier caso, si ya se comparó el anterior a Mark Eitzel (al de AMC en “California”), el nuevo, aún más desgarrado en su austeridad depresiva, reafirma la sensación. No dejemos que los cinco segundos de ritmo “Billie Jean” de “Defacing Sunday Bulletins” nos distraigan, ni la rítmica de “Under A Darker Moon”. Mejor fijémonos en esa voz femenina famélica detrás; en los pequeños rayos que penetran por entre lo sombrío de “Wrong Man”; en ese piano tan desolador ribeteando los dooh dooh doohs de una “When God Walks In” rompiéndose en pedazos (digna de “Berlin” de Lou Reed); en lo nocturno terminal de “Come Five & Twenty”; o en el quejido final de “What Jail Is Like”. No todas prenden pero, las que lo hacen, valen su peso en oro. La quietud estremecedora.

 
“New Lore” (Sean Rowe). Su aspecto y su voz presagian algo más inquietante pero finalmente se decanta por el lado contenido y sensible de Nick Cave. Capaz de empequeñecer vocalmente a quien escucha -Adrian Crowley, Daniel Knox, sin eludir el falsete: “The Salmon”-, predominan las acústicas bien arropadas por teclados o cuerdas. “Promise Of You” apunta al Cave de tono gospel. “It´s No Hard To Say Goodbye Sometimes” es el vals tejano perfecto. Imponente su solemnidad (“I Can´t Make A Living From Holding You”, “The Very First Snow”) y sobre todo la sensación de estar ante un talento muy serio sin un tema mediocre. O cuando perdemos el tiempo en músicos que no lo merecen, quitándoselo a quienes tienen talento de verdad. Altamente recomendado.

 
“Salutations” (Conor Oberst). Pocas veces sucede. De hecho ahora mismo no se me ocurre ningún ejemplo. Un autor que publica un disco semiacústico -canciones mayormente desnudas con piano o guitarra- y al cabo de un tiempo decide vestir estas mismas piezas con trajes más ornamentados, electrificándolas y embadurnándolas (de pop, country, rock, etc) arropado por gente de Felice Brothers. Lo destacable es que amplía “Ruminations” con siete piezas más hasta configurar un perfil alternativo. Primos pero ya no hermanos tras una decisión muy poco convencional.

 
“Together At Last” (Jeff Tweedy). Espero que no tenga que escribir nunca una reseña negativa de un disco de Jeff Tweedy, y menos si abarca -como éste- algunas de las canciones más importantes de nuestras vidas (y de la suya). Aquí, en versión acústica. Sin embargo, escucharlas de nuevo en este formato tan austero, enseñando hueso, me ha dejado con una sensación incómoda. Como de un vacío extraño cuando la expectativa era que saltasen las lágrimas ante clásicos como “Ashes Of American Flags”, “Via Chicago” o “In A Future Age”. ¿Por qué? Escúchenlo y me dicen. Necesito una explicación.

 
“Life Is Fine” (Paul Kelly). El legado australiano aún vigente, o cómo sobrevivir con dignidad con los músicos de siempre tras mil y un tumbos. Salvo un par de excursiones -“Leah: The Sequel” es un tema mutado de Roy Orbison, y la excelente “Life Is Fine” final incluye texto de Langston Hughes-, significa un retorno a la esencia de la tierra. “Finally Something Good” y “Josephina” son prototipos de su estilo, mientras “Letter In The Rain” sigue las normas de la vieja escuela -entre John Hiatt, Bill Fay y Ry Cooder- de los clásicos, así como la balada profunda “Petrichor”. Toda una vida resumida en un corazón que reivindica su derecho a seguir palpitando.