“Need To Feel Your Love” (Sheer Mag). El riff guarrillo sensual de “Meet Me In The Streets” despeja a medias las características de las otras once piezas. Amparadas en la voz gritona-pero-con-soul de Tina Halladay, podrían parecer himnos adolescentes donde lo divertido -el power pop de “Rank And File”, la percusión protuberante de “Expect The Bayonet”- se configura en un chute de rock & roll plebeyo con maneras punk. Cuando sin embargo nos fijamos en las cenefas de guitarra de Kyle Seely, nos adentramos -en “Need To Feel Your Love”, “Suffer Me”, “Pure Desire” y “Milk And Honey”- en el fantástico mundo de los acordes sureños sabrosos. Una de las bandas humildes más prometedoras de cara a una siguiente grabación. Ya lo dijo Alex G, también de Philadelphia, en el Primavera Sound 2016.
“Thawing Dawn” (A. Savage). Se desmarca Andrew de Parquet Courts para ofrecer una versión más personal y pacífica de su talento producido por Jarvis Taveniere. Sigue el pulso NY -“Eyeballs”- pero ahora también reflejando sus genes tejanos -slides en “Buffalo Calf Road Woman” y “Phantom Limbo”, el vals con retintín Cohen de una “Ladies From Houston” que acaba incendiándose- y la aspiración crooner -muy sui géneris en “Wild, Wild, Wild Horses”- que todo disco así conlleva. La maquinaria pesada de la banda sigue allí, al acecho, agazapada y expectante, sin atreverse a soltar el latigazo (“Thawing Dawn”) salvo en alguna contada ocasión (“What Do I Do”). Por su soltura y variedad en solitario, moderando estridencias y atacando la médula de las composiciones, esta carrera en paralelo ilusiona.
“Popular Manipulations” (The Districts). Me duele tener la sensación de que les va a pasar como a Cold War Kids. Tras el sensacional parcheado de “Telephone”, giraron en el siguiente -les compararon a The Libertines-, y vuelven a girar de nuevo. “Violet” y “Rattling Of The Heart” indican, por lo ampuloso del sonido, a Arcade Fire. Interpretaciones febriles (“Salt”) que a veces se rompen en su tramo más jugoso (“Airplane”). Se podrían estar acercando al emo, o al menos a la grandiosidad pasional de Wolf Parade (“Will You Please Be Quiet Please?”). Vuelve a producir John Congleton, esta vez cuatro canciones.
“Gargoyle” (Mark Lanegan Band). Los hay de verdad y los hay impostores. A Lanegan siempre se le han intuido cicatrices desde esa voz. La ponzoña del blues que se aferra al alma. Y podemos quedarnos en la excusa de sus adicciones o mejor incidir en el fragor de su señorío a lo largo de los años. Por mucho que siga coqueteando con lo electrónico, vuelve a demostrar que lo suyo es el acorde de eléctrica lacerante (“Drunk On Destruction”) a veces rindiéndose a la cocción U2 (“Old Swan”) y otras aventurándose en lo oscuro (“Nocturne”, “Beehive”) pero siempre, tarde o temprano, recordando que hace 25 años era el rey (“Goodbye To Beauty”).

“Witness” (Benjamin Booker). Lo más cómodo hubiese sido elegir las pautas marcadas por el rock & roll negro de su disco anterior. Benjamin sin embargo se ha arriesgado permitiendo endosar nueva savia de distinta índole a su voz rasposa. Tiene un punto crudo tipo Black Keys (produce Sam Cohen con otro gran disco este año bajo el brazo, el de Curtis Harding). ¿O está más cerca de Mac DeMarco? Decídase escuchando “Witness” con la colaboración de Mavis Staples. O el deje Beck de los instrumentos en “Motivation”. O el run run glitter de la guitarra en “Right On You” y “The Slow Drag Under” con herrumbre distinta. El disco empieza a verse consistente tras su ecuador, en “Truth Is Heavy” y “Believe” (sobre todo en la proteína soul de esta última) Distinto pero, con los días, subiendo el valor por su imaginación.