“The Queen Of Hearts” (Offa Rex). La cantante de folk británica Olivia Chaney se junta con Colin Meloy de The Decemberists bajo la producción de Tucker Martine para una grabación linda. La voz de ella, tan cristalina y transparente, se ve proyectada a través de los arreglos donde la tradición se ejecuta bajo códigos novedosos (piénsese también en Bonnie Prince Billy y Lambchop). Cuatro canciones lentas juntas (“The Gardener”, la versión de “The First TimeI Ever Saw Your Face”, “Flash Company” y “The Old Churchyard”) marcan el salto cualitativo del resto. A partir de allí, el reparto de estilos, donde cabe una jig (“Constant Billy/I´ll Go Enlist”), el folk rock (“Bonnie May”), una versión de “Sheepcrook And Black Dog” de Steeleye Span y otra de “To Make You Stay” de Lal & Mike Waterson, cubre todos los espectros. Una voz maravillosa para un disco muy conseguido.
“Freedom Highway” (Rhiannon Giddens). La soprano de Carolina Chocolate Drops se sumerge en lo más profundo de la música norteamericana, en los cantos de los esclavos de los campos de algodón y de los arrabales polvorientos. Cuando está arropada por banjos y violines, se decanta por el blues (“Come Love Come”, “Julie”). Cubre además todo el perímetro. Su voz cristalina encandila en “We Could Fly”. El piano de “Birmingham Saturday” recuerda al Randy Newman costumbrista sureño -también por la combinación del título: Birmingham y sunday- hasta que vientos y coro lo tiñen de negro. Hay un hueco para un funk donde asoma el rap (“Better Get It Right The First Time”). La opción del jazz callejero de “Hey Bébé” tiene trazas incluso -al empezar- de JJ Cale. Y termina con versión reivindicativa y licuada del gospel “Freedom Highway” de Staple Singers. Toda una lección.

 

“All American Made” (Margo Price). La nueva princesa del country norteamericano pone sobre la mesa las perlas de su corona. El álbum es un chute vigoroso de raíces y mainstream donde nada queda discriminado ni suena antinatural. Entra ágil con “Don´t Say It” y despliega todas las variantes de country sin esquivar influencias vecinas; de hecho el trote irresistiblemente cochinero de “Pay Gap” es muy tex-mex, mientras el country soul de “A Little Pain” se acerca a Alabama Shakes (con citas a Levon Helm). Donde no obstante se sale es en el vapor vulnerable country de “All American Made” (gran cierre), “Loner” y “Learning To Lose” (esta última con Willie Nelson, que ya es citado junto a Neil Young en “Heart Of America”). Violines conviviendo con canciones de carretera. Country conciliador de amplio espectro.
“Living Water” (Shannon Lay). Otra protegida de Kevin Morby, esta californiana de Rodeo Beach recalada en L.A presenta un segundo álbum de cantautora espartana. Apenas voz con arpegios suaves de guitarra eléctrica (“Home”, “Dog Fiddle”), acústica relajadísima (“Always Room”, “The Search For Gold”, “Recording 15”, “Give It Up”) de intimismo dulce terminal a lo Joni Mitchell de dormitorio para un total de 14 piezas que no cambiarán muchas vidas -a lo mejor “Come Together” sí- pero crean un clima de sosiego invernal de agradecer. Y ojo, porque es una excursión para oxigenarse del garage-punk de su grupo Feels (producidos por Ty Segall).
“I Wish I Were A Sparrow” (Laura Baird). Hermana de Meg Baird -de Espers, presente en discos de Kurt Vile, Kevin Morby y Sharon Van Etten- y casi tan obsesionada con las raíces como ella, desde Philadelphia mirando las Apalaches publica su primera grabación, dominada esencialmente por el banjo, donde combina casi a partes iguales composiciones propias con piezas tradicionales. De las cinco tradicionales, “Pretty Saro” y “Poor Orphan Child” -esta última pillada del cancionero de Carter Family- vienen decoradas con algún instrumento más de cuerda. ¿Aburrido debido a la precariedad instrumental? Para nada. Toda una lección.
“Postcards” (Pieta Brown). Imagino una carretera rural tranquila. Bajar por un sendero y encontrar un remanso al borde del río. Es primavera y luce el sol. Suena este disco, la banda sonora perfecta. Muy acústico, con guitarras resplandecientes y una voz femenina íntima a tono con la fragilidad del retablo. De Iowa, va por el séptimo álbum. Su marido es Bo Ramsey, productor de Iris DeMent, Greg Brown, The Pines y Calexico. Los dos últimos están presentes en alguna canción (“All The Roads” y “In The Light” respectivamente), entre otros como Mike Lewis de Bon Iver (“Rosine”), Mark Knopfler (“Street Tracker”), David Lindley o Eric Heywood. Si un día Hope Sandoval grabase con Ry Cooder, el resultado se asemejaría a “Station Blues”. Mucha tropa para música de porcelana.