“Colors” (Beck). Siempre ha sido un gran gestor de ideas; a veces adelantándose, otras contracorriente; y siempre siguiendo su estado de ánimo. Ahora se ha pasado al lado oscuro artístico, el de un disco pop sin más. ¿Ha sido así debido a las ventas parcas de los anteriores, o el reflejo de su etapa actual? Arropado por Greg Kurstin, ha montado once pastelitos de nata y distintos sabores. Adelantó “Dreams” y “Wow” para avisarnos de la gama amplia: tipo Prince en “I´m So Free”, Police en “No Distraction”, o directo al party en plan Chromeo en “Up All Night” y “Dreams”. Todos hits potenciales aunque algo frustrantes ateniéndonos a las expectativas de un Beck niño prodigio. Sin embargo, sería cruel pedirle este tipo de actitud a un músico de 47 años. Aún a remolque, lo hace muy bien. Conformémonos con su abrazo al pop de toda la vida en “Seventh Heaven” y “Square One”. Un disco de pop `normal´ de Beck es un regalo bonito.

“Everything Now” (Arcade Fire). ¿Se han pasado también al lado oscuro? ¿Definitivamente? ¿O al lado luminoso? Más comerciales, con un repertorio festivo para arrasar en los festivales. “Everything Now” condensa la épica rítmica habitual robando del carnaval antillano. Las palmadas de “Signs Of Life” son funk tipo “Papa was A Rolling Stone” reconducido a “Staying Alive” de Bee Gees. La energía vocal de Règine y Win sobrevive entre la pompa de teclados de “Creature Comfort”. En “Chemistry” prueban con vientos dancehall. Y “Put Your Money On Me” muestra su elasticidad, habiéndose convertido en una maquinaria perfecta para contentar al personal. Sin importar las concesiones (que no son tantas). La sorpresa más agradable, una “Electric Blue” molona con ese falsete trascendiendo más de lo permitido por el insidioso tiruriru. Guilty guilty guilty.

 

“American Dream” (LCD Soundsystem). ¿Qué decir de un álbum con tamaños parabienes? Juguemos a abogados del diablo. ¿En serio nadie le ha visto un solo defectillo? ¿La resonancia de sintetizador de “Oh Baby” encubriendo la voz pusilánime? ¿No es un arreglo demasiado floral? A mí me gustaba más seco. ¿Y el tono de épica parecido a Doves? ¿Dónde están los gruñidos y alaridos? ¿Y el bajo -o lo que sea- de “Other Voices” no se percibe facilón y condescendiente? ¿Y la voz muy lejos del primer plano carnal? ¿Esos coros copiando a Bowie? ¿A la altura de “Change Yr Mind” no empiezas a bostezar? ¿Seguro? ¿Soy yo o las guitarras no son tan epilépticas? ¿La saturación de sintes de “How Do You Sleep?” (aunque ojo, suena guay)? ¡Tantas piezas con efectos similares a los de “Tonite”! En fin, bajemos la guardia. “Call The Police” es pura adrenalina, al menos hasta que la segunda parte vuelve a recargarla. “Emotional Haircut” tiene su punto obsesivo. Como el apocalipsis de “Black Screen”, aunque me sobre el final. De todos modos no hay que hacer mucho caso. Soy yo, que ando desequilibrado recordando el AOR. Las mayorías deben estar en lo cierto si lo consideran un gran disco.

 
“Pure Comedy” (Father John Misty). Quienes disfrutaron con “I Love You, Honeybear” disfrutarán -un poco menos- con el nuevo. Amplio minutaje sin limitar la duración de cada tema: si el texto es largo, aunque se desglose lento (“Leaving LA”), no hay problema en llegar hasta los 13 minutos. Y todo pasa mejor con piano y voz melancólica -o cachos de falsete: en tramos de “Ballad Of The Dying Man” podría ser Elton John reflexionando acerca de la futilidad de la vida- para compaginar esa fórmula, mezcla de ironía y frustración, destripando la miseria que envenena nuestras vidas pervertidas por el capital, la democracia de boquilla o el fraude artístico. Sigo sin poder digerir del todo sus largas peroratas de buena rima; algunos versos dan en el clavo pero otros parecen escritos para el lucimiento de la prosa de un listillo. Con muchísimo menos Randy Newman comunica muchísimo más.

 

“Cry Cry Cry” (Wolf Parade). Nueve años atrás comparé su pasión a la de Arcade Fire, Springsteen y Talking Heads. No han perdido la pasión, aunque ya no es tan sublimemente caótica como en el primerizo “Apologies To The Queen Mary”. De vez en cuando, cada equis quinquenios, aparece un nuevo disco suyo para recordarnos aquel maravilloso ancestro; para recordarnos también que ese pulso tosco y febril debreía constar como denominación de origen canadiense (lo digo también por Arcade Fire). Incluso hay un quiebro evocando a éstos al finalizar el cuarto minuto de “Weaponized”. Por supuesto, el epílogo con “King Of Piss And Paper” es de un tórrido marca de la casa.

 
“Songs Of Experience” (U2). No es fácil mantenerse en primer plano durante casi cuarenta años. Después de “Achtung Baby” -allá por Zooropa”- intentan dejar de ser un grupo de estribillos épicos para explorar sonidos y texturas no tan afines al pop, hasta llegar a una menguante perspectiva durante el nuevo milenio. Con lo grandes que han sido, no les es difícil obtener complicidades afamadas para sobrevivir (Kendrick Lamar, Haim) ni apropiarse de tendencias (el autotune de “Love Is All We Have Left”). Pero siguen enfangados en ejercicios presuntuosos que no se digieren bien (“Lights Of Home”, “You´re The Best Thing About Me”), a veces relacionados con la música de color. A mediados del disco no obstante recuperan viejas sensaciones -estribillos más pop que épicos en “Summer Of Love” y “The Showman”, guitarra marca de la casa en “The Little Things That Give You Away”- y dejan al aficionado veterano medio contento. Si se trataba de eso…que no lo sé.