“B-Sides And Rarities” (Beach House). Empezar con “Chariot” es como marcar gol en el primer minuto sabiendo que golearás. A lo campeón. Más que un recopilatorio de restos, este álbum suena a grandes éxitos alternativo, sobretodo teniendo en cuenta que la experiencia de separar su material del 2015 en dos discos terminó con reseñas mixtas (“Depression Cherry” era mucho más asequible que “Thank You Lucky Stars”). “Baseball Diamond” también es un resto de aquellas grabaciones. “Rain In Numbers” es la más introvertida. La siempre hermosa “10 Mile Stereo” no falla. Y “Used To Be” está presente en un estado embrionario para que sepamos lo que puede cambiar una misma canción con arreglos distintos. De hecho, en manos de otra banda, estas 14 canciones serían el punto culminante de su carrera. Estamos hablando de oro.
“Coco Hames” (Coco Hames). Tiene una voz para estilos de batalla norteamericanos. “When You Said Goodbye” acaricia con apuntes retro, reforzados por el tono Phil Spector de “I Do Love You”.La tercera, una “I Don´t Wanna Go” en clave power pop con raíces para mascar chicle en ruta, completa un abanico de amplia solvencia, rubricando el vals country de “Tennessee Hollow” el juicio de valor. La otra pieza destacable, “Tiny Pieces”, ha sido escrita por Tommy Stinson de Replacements y cuenta con la colaboración de John McCauley de Deer Tick. Produce Jem Cohen (Promised Land Sound, Benjamin Booker) este disco que funciona como una juke box de banda versada en canciones de bares de carretera del midwest. Buenísimo para tararear con las ventanillas bajadas.

 

“I used To Spend So Much Time Alone” (Chastity Belt). Más tranquila que en los discos anteriores, Julia Shapiro diagnostica con sonidos los síntomas del trasvase de la juventud a la vida de adulto. De allí que, lo que se pierde en energía y se gana en reposo, sea reflejo de una realidad más de agradecer, y se disfrute -sobre todo en “Different Now”, “What The Hell” y “Something Else”- en plenitud. Esa manera de ejecutar acordes ha cambiado el ímpetu -aunque subsistan brotes como la bola sonora de “Stuck” o la guitarra final de “5am”- por una melancolía otoñal entre Feelies y Galaxie 500. Solo hace falta un poquito de acierto pop para redondear la propuesta.
“Powerplant” (Girlpool). Entra “123” con zapatillas de gamuza y pronto arrecia mostrando lo que será el resto del álbum. La segunda, “Sleepless”, se abre suave antes de que un fuzz líquido se esparza. Y la tercera, la corta “Corner Store”, goza de un trote fácil fugazmente roto por la distorsión. Indies con guitarras abrasivas cantando como en un campamento excursionista. Unos dirán que estas canciones conforman un lote más homogéneo y bien equipado que el anterior; otros dirán que es poco variado.
“Nothing Valley” (Melkbelly). Distorsión y ruido desde el minuto cero; el velocímetro a tope ante la descarga de furia punk con atisbos prog. Muy correoso pero falto de gancho melódico para vestir una voz femenina así, este debut de la discográfica impulsada por Sadie Dupuis de Speedy Ortiz centra su interés en determinados pasajes. Por ejemplo encauzando una energía brillante en “Middle Of”; la guitarra incendiaria de “Runxrn”; la mezcla de fragilidad y rabia de “Cawthra”; o el interesante desarrollo final de “Helloween”: