“Tribute To Ndiouga Dieng” (Orchestra Baobab). Pasan las décadas y las instituciones musicales africanas mantienen su ideario con pocas variaciones. En este tributo a Ndiouga Dieng introducen la kora, lo cual merma un tanto el protagonismo rítmico a cambio de una mayor reivindicación africana (“Mariama”). La ausencia de la guitarra de Barthelemy Atisso también reduce los solos de guitarra (aunque, escuchando “Sey”, ni mucho menos desaparecen), creándose un espacio para más juegos de vientos. Detalles sin importancia. Escuchando “Douga” y ese ritmo tranquilamente seductor para bailar a medianoche pegao en un hotel africano de capital -él con traje, ella con vestido largo-, uno admite estar prendado para siempre de estos sonidos.

 
“La Confusion” (Amadou & Mariam). Los arreglos urbanos mezclando ritmo y electrónica. La parte de África de hoy que no sucumbe al hip hop: el mensaje de unos veteranos con 40 años de carrera que aún saben hacerse escuchar a través del pop africano. A lo mejor no es lo que busca el cazador de tendencias o el de sonidos étnicos, pero es la expresión de la música y la temática actual de un país pugnando por salir de la ciénaga del conflicto religioso.

 
“Build Music” (Janka Nabay & The Bubu Gang). Ritmos africanos insidiosos con pulsión electrónica. Desde Sierra Leona, trapicheando con música bubu, tan hipnótica como casi todas las que se bailan en este continente, Nabay emigró a USA huyendo de la guerra civil, decorando temas tradicionales con tecnología (para hacerse una idea, como en su día Ray Lema con “Nangadeef” o Hugh Masekela en “Techno-Bush”). Poco que narrar, mucho que bailar.

 
“Wake Up Now” (Nick Mulvey). Compararle con Paul Simon, con lo africano como referente, no parece ser una buena idea. Nick es un estudioso británico de música étnica -percusionista y guitarrista- lastrado por el consiguiente academicismo cuyo estigma sortea grabando en los estudios de Peter Gabriel. En “Graceland”, de Paul, sin embargo fluía la música más desde el corazón que desde el laboratorio.
No quiere decir esto que a Mulvey no le haya salido bien este disco. De hecho su aproximación a lo africano es más sutil, casi incluso trazando su influencia en los márgenes meridionales europeos. “Unconditional” empieza rumbera para tropicalizarse mientras avanza, mientras el talante de “Transform Your Game (We Remain)” mantiene casi el mismo ritmo de acordes con un perfil más bajo. Si algo distingue a los nominados a un Mercury (Nick estuvo junto a Portico Quartet en 2008) es la pulcritud de su oferta, así que la producción exquisita -Dan Carey- se deja notar en numerosas piezas (por ejemplo “When The Body Is Gone”). Y al protagonista se le nota que estudió música en Cuba cuando traslada lo africano al Caribe en “Remembering”, composición denunciando el fracking. Para la prensa es lo más destacado junto a una “Myela” con Siria en el punto de mira, pero yo insistiría en al combinación de voces buscando la luz a través de guitarras tristes de “Imogen”, en la percusión exultante de “Mountain To Move”, y en el suave reflujo africano de “Infinite Trees”.

 

 

“Colón Man” (Equiknoxx). Para situarnos, Colón es una ciudad portuaria con fama de violenta en la boca norte del canal de Panamá. Imaginando pues lo que se baila en sus tugurios y dándole una vuelta de tuerca, desde los laboratorios de Kingston reducen Equiknoxx los ritmos alisios ancestrales a su esqueleto digital, utilizándolo para construir una telaraña de tintineos con pulsión antillana muy subliminal. No se trata de sound systems deshuesando a través de dub, ni flujos condescendientes como los de On-U Sound. Desde la modificación del reggae al nuevo dancehall y el mutado reggaeton, se había reformulado su deconstrucción electrónica. El latido caribeño de nuevo cuño está allí presente en “Sent For Ducklings, Got Ducks” y “Enter A Raffle…Win A Felafel”, en estado primario minimalista techno, percutiendo con resonancias -steel drums- de la tierra como en “A World Of Welsh”, a veces con simulacro de bongos (“Flank”). A prestar mucha atención: cada sonido cuenta. Hasta el de una gota de agua al impactar con una superficie dura.

 
“Bicep” (Bicep). La electrónica muchas veces se nutre de elementos de géneros diversos para evolucionar fuera de los cánones marcados por los estereotipos, sobre todo si se trata de hermanarse con estilos provenientes de la música de color. No dejen que piezas etéreas y líquidas como “Drift” les distraigan; el meollo del álbum gira en torno al house desde una aproximación conservadora: house instrumental de última generación respetando los elementos clásicos de las anteriores. Su cadencia seductora y buenaza -son irlandeses- no aburre en ningún momento. Los Disclosure sin voz que excepcionalmente, en algún tema muy logrado -tal que “Rain”- se salen del guión.