“The OOZ” (King Krule). Las viñetas urbanas de dub psicótico del londinense han cobrado perspectiva. Fluye un sonido conceptual (dub, jazz, tropicalia minimalista, grime) de madrugada, como a cámara lenta, mayormente dopado, opiáceo, a veces desquiciado y asfixiante -con toda su hermosura anómala-, como de una barriada de Londres decadente y sórdida, la de los callejones del Soho punk oliendo a vómito en sábado noche. Puede inocular prosa en castellano en “Bermondsey Bosom (Left)”, un chute de swing en “Dum Surfer”, y mucha sabiduría en producción para crear el ambiente propicio, a veces atragantándote -¿su intención?-, y otras fascinante. Es un álbum tan largo como magnético, en busca de la poesía tóxica sin caer en el ruido. La esencia punk ralentizada de los Clash mestizos convertida en elegancia de crooner de arrabal.

 
“Peasant” (Richard Dawson). Cualquier folk singer aproximándose a lo medieval intentaría resaltar las raíces. Dawson es una anomalía disfuncional; una fístula en la tradición explayándose en los márgenes de lo libertino. Esquemas al borde de la cordura cuya coherencia sentencia: este hombre no está como una regadera. Simplemente, tal que la vida misma, aúna lo bello y lo purulento en un mismo tema; la lucidez y el alcohol; lo cristalino y lo fangoso; lo infantil y lo pervertido. Hace medio siglo The Incredible String Band jugaron con la psicodelia acústica folk extrema retratando una época; ahora otro norteño retrata la anomalía de un presente distinto recurriendo a los ancestros -con o sin oficio/beneficio- que le vienen bien.

 
“Plum” (Wand). En la reseña de “1000 Days” se apostó por un futuro en clave más accesible. Y en el álbum solo de Cory Hanson preñado de folk se vio que las aspiraciones de los miembros no tenían por qué ceñirse al prog. “Plum” no renuncia a la parte robusta de su sonido, aunque ahora van derechos al grano: morder en vez de solo deslumbrar con lo bizarro. Las muestras, en la segunda parte de la grabación. “The Trap” es de una introspección deliciosa; el pasaje instrumental de guitarras de ensueño entrelazadas de “Ginger” prosigue en una “Blue Cloud” -hay mucho de King Creosote en la vocalización del disco- que mezcla lo bello con algún exabrupto intercalado; y el final casi sinfónico de la balada “Driving” invita a pensar en una progresión futura más optimista aún. De incómodos a adorables surcando una carrera ascendente.

 
“Blast Off Through The Wicker” (Art Feynman). No es un giro radical propiamente dicho sino más bien un paso grande en el sendero explorador de Luke Temple, sea bajo su nombre como Here We Go Magic. Antes partía del formulario folk para adentrarse en desarrollos rítmicos hipnóticos.
Ahora, bajo el nombre de Art Feynman, introduce en su música la magia del dub y lo combina con otros referentes. “Blast Off Through The Wicker” indica una influencia clara de los Can de “Flow Motion” y con el Holger Czukay de “Movies”. Por supuesto no se queda en esto -o sea en la cimbreante “I Rain You Thunder” y “Feeling Good About Feeling Good”, para bailar sin fin- pues apunta a varios actores colaterales -The Field, Walls, Pole- que aplican las prescripciones de On-U Sound. En “Can´t Stand It” por ejemplo se parte de un reggae licuado (tipo Aswad) para adentrarse en tramos más densos (a lo Black Uhuru). En “Party Line” se arriesga con una mezcla de dub y rock & roll. Y aún le queda cierto apego por su pasado folk a tenor del frágil manejo de la acústica en “Win Win”, así como otros derivados intimistas. Definitivamente ecléctico, con la excitación de nuevos horizontes colándose de puntillas. Muy bien, Luke.