“The Weather Station” (The Weather Station). Ya no se apoya Tamara Lindeman solo en Afie Jurvanen de Bahamas. Su nuevo álbum la proyecta como una cantautora de peso, femenina y a la par decidida. En “Thirty” se arropa, cual la Joni Mitchell de “Hejira”, con acústicas reptílicas que van trepando hacia un rock de guitarras ácido. Los teclados de Ben Boye a veces la inclinan hacia el dramatismo nocturno de The Delines. Se siente cómoda e íntima mullida entre la sección de cuerda, que a menudo -“Power”, “I Don´t Know What To Say”- zigzaguea en primer plano de modo similar a aquellos arreglos de Paul Buckmaster (el de “Space Oddity”, “Your Song”, “Madman Across The Water” y “You´re So Vain”). Precioso el galope silvestre libre de “In An Hour” y sobre todo el cierre tristísimo con esa invernal “The Most Dangerous Thing About You” que hiela el corazón.

 

“Modern Kosmology” (Jane Weaver). Un cuarto de siglo ha transcurrido desde su debut adolescente en el seno de Kill Laura. Después se dedicó a un folk que, con el tiempo, se armó de psicodelia hasta salir del ostracismo en 2014 amparándose en un pulso kraut. Este disco es la consolidación de la nueva fórmula. Ritmos hipnóticos de genética teutona -Neu!, Can: colabora Malcolm Mooney de estos últimos- edulcorados por el susurro femenino -Stereolab, Broadcast- que contrapone nubes rosadas al marco gris. La canción “Modern Kosmology” aporta detalles afrancesados y ventisca electrónica añeja tipo Hawkwind. “Slow Motion” y “The Lightning Back” son temas de tecno-pop clásico eighties sin renunciar a un toque entrañable casero dando consistencia. Diseño gráfico de Andy Votel (yo sigo recordándole como compinche de Badly Drawn Boy). Un producto habilidoso que, a base de retales, se proyecta como innovación.

 

“Dust” (Laurel Halo). Inclasificable. Sonidos provenientes de un limbo privado; sincopados, fragmentados, y zurcidos por el delicado tamiz sintetizado de su voz. Es R&B y electrónica a la vez, de clara vocación experimental produciendo millones de partículas sonoras bajo filtro digital. Tan techno como Björk, tan dream pop como Hundred Waters. No le hace falta ser accesible para atrapar, ya que las distintas capas -teclados, percusión- se intercambian primer plano de manera delicada, aunque se agradecería de vez en cuando una concesión pop -más allá de “Jelly”- para desatascar a nivel popular su enorme talento. Y es que quedarse en un plano similar o inferior al de Flying Lotus me parece exiguo.

 

“Don´t Smile At Me” (Billie Eilish). Esta joven rubia quinceañera californiana, hija de actores, acumula decenas de millones de visitas con poco más de una docena de composiciones publicadas, ocho de las cuales están agrupadas en el presente EP. Entre Lorde y Adele, con los ojos puestos en las listas -imagen que vende, cara sensual-, “COPYCAT”, “Idontwannabeyouanymore”, Ocean Eyes”, “Bellyache” y “Watch” -esta última con otra versión junto a Vince Staples- lideran el listado de singles -falta “Bored”, famosa por incluirse en en la banda de “13 Reasons Why”- de una máquina de fabricar -junto a su hermano- éxitos en ciernes. Con este nivel cualitativo -sereno, aterciopelado- da gusto dejarse caer de vez en cuando en las garras de Los 40 Principales. ¿Futura primera dama?