Mis ganas de visitar Australia siempre habían tenido un componente más musical que viajero, y el objetivo principal no era tanto Brisbane (The Go-Betweens) como Perth (The Triffids). Incontables veces había soñado con visitar el oeste del país y su capital, sea porque en mi juventud trabé amistad con un británico que después emigró allí y con el que intercambiaba correspondencia epistolar, o porque necesitaba visitar el hábitat que sirvió de inspiración a una de mis bandas favoritas. Perth, la ciudad aislada, rodeada por miles de kilómetros de desierto; sus playas cegadoras solitarias; tomar el café en un tugurio alternativo increíble como Toastface Grillah; cruzar en Mandurah la desembocadura del río cuyo estuario sirvió de portada de “Born Sandy Devotional”…
Pocas semanas atrás, un viaje a Bali sirvió para por fin cumplir mis deseos. Bastantes vuelos low cost entre Denpasar y Perth abaratan el desplazamiento considerablemente. Día más, día menos, pensé que una estancia de una semana sería suficiente. Compré ida 7 de febrero y retorno el 15. Ya con los billetes adquiridos, fisgué en Internet para averiguar si había algún evento musical interesante durante mi estadía. ¡¡¡Manchester Orchestra el mismo día 7!!! ¡¡¡Menudo sorpresón!!! La banda autora de uno de los discos capitales -y favorito personal- del 2017. ¿Qué hora aterrizo? 15,25. Perfecto. Pillaré entradas online y un hotel en la misma calle que la sala.
El Amplifier es uno de los antros históricos de la escena de Perth. Dos estancias conectadas, una con el techo abierto -¡donde permiten fumar!- con una barra, y otra, también con barra, donde está ubicado el escenario. La velada arrancó con las locales Childsaint, a punto de publicar el primer álbum y muy ilusionadas ante su próxima presencia en SXSW. Sonido de guitarras eléctricas cruzando arpegios de turbia liquidez nineties, entre el slowcore, el grunge suave y Belly, con tramos tranquilos prometedores ensombrecidos por arrebatos eléctricos contenidos. Una semana después anunciaron cambio de nombre debido a las amenazas legales de la banda norteamericana Child Saint. A partir de ahora se llamarán Calmly.
Los primeros momentos de Manchester Orchestra se sucedieron tal como esperaba. “A Black Mile To The Surface” es demasiado bueno para esquivarlo de entrada, y su desarrollo ya conlleva un perfil conceptual. Puede que no sea tan instantáneo como algún trabajo anterior, pero el trío de ases inicial -”The Maze, The Gold” y “The Moth”-, con la voz pura de Andy Hull alcanzando hasta el último rincón de nuestra mente, debe interpretarse sucesivamente como protagonista de un arranque que mezcla lo vulnerable con lo dramático. Es una secuencia perfecta.
Una vez entrados en calor, por si había presente algún veterano despistado, rescataron un par de piezas de su “Mean Everything To Nothing” (2009). “Shake It Out” sobretodo permitió ver la otra cara de la moneda de una banda con unas rugosidades y aristas presentes en “A Black Mile To The Surface” que solo se intuían. De hecho Andy cambia de registro y de falsete buscando lo cavernoso de su garganta en interpretaciones dignas de banda de metal. Y, ahora que lo repienso a posteriori, lo percibo como un concierto duro e intenso. Cupieron otras tres del nuevo -también seguidas como en el disco: “The Alien”, “The Sunshine” y “The Grocery” admirablemente enlazadas en uno de los tramos grabados más sensibles de la década- para contentar después con “Cope” -¡cómo pega!- y “Simple Math” a los devotos de los dos álbumes de sendos títulos.
También el final fue el previsto con el ritmo sentido y apesumbrado de “The Silence”, antes de un bis acústico tras el cual Hull, ya con los otros miembros ausentes, huyó por una puerta lateral del recinto. Calcula volver, según su propio chiste -común entre los lugareños conscientes de la dificultad que tienen las bandas para desplazarse cuatro horas en avión desde la otra costa para un solo set-, allá por 2028.
Mientras repaso el impacto del concierto y mi opinión innegociable de que “A Black Mile To The Surface” es una obra de muchísimos quilates que perdurará en el tiempo, llega la noticia de la colaboración del grupo con Julien Baker con la versión de “Bad Things To Such Good People” de Pedro The Lion. Y un escalofrío recorre mi espalda.