Hay títulos que abren la lata. “If Blue Could Be Happiness” (Double Double Whammy 2017) de Florist es de ésos. Muchos no entienden que uno de los placeres más inmensos de la música radica en la exploración de todas las posibilidades que aporta la tristeza. Sí, estamos en las antípodas de la euforia de AC/DC o del “Despacito”. Voz femenina, guitarra ecústica y adornos electrónicos MUY suaves. No sabría si comparar Emily Sprague a un Sufjan Stevens en clave “Carrie & Lowell” femenina, o a Sodastream. La veo más cerca aún, si no se hubiese malogrado desgraciadamente, en el catálogo moonpalace compartiendo estancia con House Of Wolves y Old Amica.
La pureza de piezas como “Blue Mountain Road” y “Understanding Light” es tan redentora que deja sin aliento. Es un tipo de quietud acústica susurrada extrema sobre un manto sintético que la alberga mullido. Alguna pieza eleva momentáneamente el tono alterando el flujo dreamy (“Glowing Brightly”) pero aún así la reverberación indica aislamiento sin romper la cadena de fragilidad sensorial (“If Blue Could Be Happiness”). Incluso hay un instrumental de teclados para avisarnos que Emily es una entendida en electrónica (concretamente en sintetizadores modulares, con el álbum de ambient “Water Memory” publicado hace tres meses). El final, con una “Red Bird” dedicada a su madre fallecida, la deja expuesta en la más absoluta desnudez emocional.
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