Ya habían avisado Hookworms acerca de su proyección en el anterior “The Hum” con el giro hacia un garage con incorporación de ritmos alemanes. Sin embargo el cambio debía ser embrionario, a tenor de su actuación en el Primavera Sound en 2015, pues en directo no respondieron al hipnotismo intuido.
El paso del tiempo ha puesto las cosas en perspectiva. Aquella energía tremenda ha sido ahora canalizada a un estilo más asequible con un paso al frente, a lo cual se ha de sumar -supongo- la sabia consejería de Domino. “Microshift” (Domino 2018) es una bomba de álbum, con un arranque de tres temas en una constante amenaza de explosión. El ímpetu del teclado tras el inicio techno, arrastrando a las voces en “Negative Space”, recuerda a “Another Brick In The Wall”. La subida de adrenalina letal de “Static Resistance”, desde el primer segundo, conduce indefectiblemente a un estado de euforia. Y “Ullswater” mantiene intacta la pulsión mecánica teutona. Espiral y vértigo.
Podríamos seguir insistiendo en el canal relacionado con Spacemen 3 o -para adaptarnos a los tiempos- con Moon Duo, pero aquí flota el deseo de noquear al oyente con un puñetazo de felicidad elástica. Las bases le empujan y los estribillos le iluminan (“Opener”). Las de “Boxing Day” le embriagan. Y los de “Shortcomings” reconfirman la catarsis dreamy. Aquí hay cera para erizar el vello de medio planeta. Metafórica, sin depilación.