La memoria me falla. Sé que en algún artículo lejano ya he hablado en el pasado de las sensaciones aprehendidas en 1985 en la ciudad de Manila, cuando aún mandaba el dictador Marcos. Aquella belleza extraña que golpeaba surgiendo de la miseria, como un rayo de alegría por encima de la fatalidad. Entonces la mía era una mirada joven capaz de obviar todo lo malo a cambio de una brizna de vida excitante imposible ya de degustar en Occidente. Además Manila era extraordinariamente musical; cada calle del barrio de Mabini tenía locales múltiples con música en directo donde se fogueaban bandas conocedoras del último éxito del momento que luego emprendían el exilio a todos los rincones -sobre todo turísticos- del sudeste asiático. Desde Corea a Bali, si había una banda tocando en un local, seguramente era de origen filipino. Y encima devoraban los hits venidos de fuera según un criterio muy del país.
Uno de los mejores recuerdos es la compañía durante todo aquel viaje de la canción “State Of The Nation” de Industry. Se escuchaba en cualquier parte, desde el centro financiero de Makati hasta el último rincón habitado de Mindoro, Panay o Cebu. Pop eighties de gatillo fácil -superestribillo- con un punto polémico en el texto -estamos hablando de una parte del país influida por la flota norteamericana con base en Olongapo y Subic Bay- creando una sensación agridulce. Con unos teclados y un regusto que le pegaba bastante -¿casualidad?- a la idiosincrasia musical filipina, mezcla de sentimiento melódico propio con herencia de las radios yankees. Esta misma sensación la he vuelto a tener escuchando la canción “Ako At Si Michael” interpretada por los filipinos True Faith
¿Y qué tiene que ver esto con MGMT? Verán, se trata de una argucia de los norteamericanos para promocionar el nuevo álbum “Little Dark Age” (Columbia 2018). Antes de publicarlo, cogieron una de las piezas más accesibles del disco, “Me And Michael”, se la pasaron a True Faith, les hicieron grabarla y subirla en youtube, para después filmar un vídeo en el que supuestamente MGMT se apropian de ella tras verles en Internet y después han de pedir perdón por el robo. Sea con la intención de crear debate acerca de los límites de la red y el copyright, sea debido a una idea que les pareció brillante, lo cierto es que “Me And Michael” es una rodaja inmensa de radiación pop merecedora de un éxito que debería llegar hasta el último rincón del planeta.
Acerca del resto del álbum, vamos con los otros cabos por atar. No estaría de más recordar que MGMT despuntaron con un estilo psicodélico en “Oral Spectacular” donde puntuaba mucho la presencia de Dave Fridmann. Éste, que ya había triunfado con Flaming Lips y Mercury Rev, lo exportó después a alguno de sus nuevos contratos, como por ejemplo Tame Impala que, a su vez, con el paso del tiempo emprendieron el tránsito de grupo de psicodelia traviesa a transmisores de romanticismo en colores. Conclusión: ahora son MGMT quienes siguen los pasos de los australianos, acordando con Dave investigar en los beats de “Currents”, sea a través de cortes vitamínicos (“One Thing Left To Try”) como de baladas (“Hand It Over”).
Se trata de un retorno con más buenos momentos de los previstos. Yo me he aburrido poco, lo cual a estas alturas de su carrera es significativo. Y, si no nos ponemos quisquillosos con los referentes -mucha guitarra tipo Mac DeMarco meciendo en “When You Die” y “TSLAMP”- y admitimos que nadie es inmune de la influencia Beatles -la de “Something” en “When You´re Small” por ejemplo-, debemos honrarnos de ver a un grupo eléctrico como MGMT rendirse a melodías dulces onda Tahiti 80 (“She Works Out Too Much”). Con todos estos mimbres, qué menos que un buen disco.