Insertar órgano clásico en un contexto musical contemporáneo puede ser más atrevido de lo que el currículo de este instrumento sugiere. “Dead Magic” (City Slang 2018), el tercer álbum de Anna von Hausswolf, se proyecta como una simbiosis atractiva, compleja y bien argumentada, entre el prestigio regio de los tubos, lo difuso de la frontera que separa folk y rock de lo experimental, y la intencionalidad ambiental.
Consta de solo cinco piezas, las dos últimas más marcadas por el sonido sacro. Entra brumoso, como un amanecer que nunca llega, mientras la sueca tampoco pone empeño en alumbrar, coqueteando entre lo celestial y lo atormentado. La segunda, “The Mysterious Vanishing Of Electra”, es quizás la que más impresiona. Por entre el trote mortecino se yergue la fuerza portentosa de su interpretación, repleta de gritos que se propagan hasta el último rincón de nuestro cerebro. No sabría ubicar la influencia: Siouxie, Mary Margaret O´Hara, Björk, PJ Harvey; elijan ustedes.
Curiosamente, debido a que no mantiene una constancia rítmica en las piezas, éstas jamás pesan, ni siquiera estirando 16 minutos como en el caso de “Ugly And Vengeful”, donde va desde la profundidad abisal al desgarro apocalíptico: el ejemplo perfecto del poder perturbador de su música.