Se veía venir. Arctic Monkeys, tal vez cansados en el seguimiento de un sendero cómodo y predecible, han optado por romper el molde. El problema es que la línea escogida, por mucho que exprese los deseos de Alex Turner, ni les pega ni suscita naturalidad.

Numerosos detalles apuntaban a la dirección tomada por “Tranquility Base Hotel & Casino” (Domino 2018). Si nos atenemos al pasado y a la frescura de la excursión de The Last Shadow Puppets, incluso podría generar cierta ilusión antes de escuchar las canciones aunque algo, léase los dos últimos cambios de look de Alex acercándose al tupé y la brillantina de “AM” antes de dejarse melena, no presagiaba encajar con los autores de “I Bet You Look Good On The Dancefloor”. Resumiendo: para ser un crooner -o emular a David Bowie- hace falta algo más que un buen peluquero. Por ejemplo clase, y un buen manojo de estribillos, cosa -la segunda- de la que este nuevo álbum adolece flagrantemente.

Segunda impresión. Cierto. Después de escucharlo un par de veces y, concediendo que “Star Treatment” puede hacerse querer, me parece una castaña, sobre todo viniendo de quien viene. Ni rastro de aquella energía contagiosa. Solo hace falta seguir el trabajo de la percusión para calibrar el nivel de aburrimiento. Y si bien “A. M” ya dejó claro que no alcanzaba a superar los índices de sabiduría manejando emociones de las últimas piezas de “Suck It And See”, dejaba viva la chispa de lo esencial. En cambio ahora, al menos tras ese par de escuchas -ojalá cambiase de opinión a la quinta-, es ya oficial para mí: Arctic Monkeys se han hecho mayores. Tan mayores que han saltado de la juventud a la senectud en un solo disco.

Tercera impresión…de momento. Lo que Alex pretende no lo consigue. Al menos al 100% por 100%. Sin embargo, a medida que me familiarizo con los temas, se incrementa la aceptación. Lo ha grabado casi todo en su estudio de Los Angeles en una suerte de ego trip que en otros -caso Destroyer- admiro. No es fácil reinventarse; ni sacudirse la etiqueta de calca de Bowie -escúchense “Four Out Of Five” y “She Looks Like Fun” entre otras- o de Serge Gainsburg. Pensando que tal vez se trate de una excursión aislada para explayarse en concepto, se me esfuma la hostilidad. No, no les llega a la suela del zapato a los antes mencionados, pero deja brotar el aire del divertimento. Hasta incluso llegar a gustarme en algún que otro tema. ¿Camino de la senectud también? Con matices. Sigo sin encontrar un estribillo top. Sigo pensando en aquel primer álbum de Arctic Monkeys. ¡¡Tiempos!!