Además de poseer talento, un artista ha de procurar enfocar bien su carrera y no equivocarse. Sarah Blasko está en este punto, tras 25 años de brega -la segunda mitad en solitario-, cuando ya la losa de las etiquetas pesa demasiado, en el que cuesta mucho mostrarse atrevida en el plano sonoro y publicar a la vez en una multinacional. Quizás en Australia esto sea un dato menor, pero en este lado del planeta no hay perdón si quieres mantenerte en zona indy.
Sería una lástima que su sexto álbum, “Depth Of Field” (Universal Australia 2018), no obtuviese reconocimiento más allá del mainstream. Un disco maduro repleto de sombras a las que Blasko no teme enfrentarse. Con la voz clara, pisa sigilosa sobre una colcha de bajo, batería -a veces caja de ritmos- y teclados orquestando. Demasiado sobria para caer en el synth pop y demasiado mujer para quedarse en Enya, le da a cada canción un toque distintivo propio mientras mantiene el hilo común en los arreglos y en el talante serio. “Read My Mind” es una preciosidad subiendo, al igual que “Savour It”; “A Shot” un single perfecto; la soledad final retumbando en “Leads Me Back·; o la iridiscencia de “Another”. Aquí los éxitos no brotan de la mediocridad. Todo el disco es un magma frío. Solo para adultos. Gafapastas abstenerse.