El arrebato de la adolescencia que no puede permanecer callada. Desde Dylan y el punk hasta el hip hop, gran parte de la mejor música de nuestros tiempos ha tenido carácter reivindicativo social. Cada cual a su manera enarbola armas pacíficas en busca de mejorar su porvenir hacia un mundo mejor.
Como las cenizas del punk nunca se apagaron, cada cierto tiempo surge esa banda que factura cancioncillas que funcionan como estrellas brillantes y a la vez latigazos. Desde Escocia ya avisaron The Spook School con el segundo “Try To Be Hopeful” producido por MJ de Hookworms. Lo atropelladamente radiante de aquel disco tiene su continuación en “Could It Be Different?” (Alcopop! 2018). El mensaje básicamente sigue siendo el mismo: erradicar la discriminación que sufren los colectivos sexuales minoritarios, así como la preservación y mejora de las libertades individuales. Y la parte musical tampoco varía demasiado. Ráfagas de adrenalina pop alejándoles del punk pop -más Undertones y menos Buzzcocks- y acercándoles al power pop. Aunque el tono nasal de la voz produce de entrada cierto bajón, siguen manteniéndose combativos en el fondo (`Fuck you I´m still alive´ cantan en “Still Alive”) dispuestos a no perder su independencia (“I Only Dance When I Want To”). Y pueden parecer ahora más blandos ateniéndonos a los estribillos angelicales de “Bad Year” y “Alright (Sometimes)”, pero representan a su modo ciertos valores. Estos tiempos necesitan juventud y reivindicación, sobre todo contra políticos represores y políticas represivas. En España la comunidad musical sigue adocenada/anestesiada temiendo alzar su voz para no perder las migajas que recibe (subvenciones, actuaciones en actos municipales, etc). Un día esto explotará. Estaría bien que fuese con una banda sonora así…