Un respeto para las one man bands, las formadas por un músico polivalente que suele aparecer con tres o cuatro instrumentos colgados, más pedal y bombo, dispuesto a interpretar todo lo que suena de la canción él solito. El tejano Alejandro Rose-García, alias Shakey Graves, procede de esta estirpe.

Tal vez por ello su nuevo álbum “Can´t Wake Up” (Dualtone 2018), pese a haber dejado Rose-garcía atrás esta etapa, contiene detalles -actitud, sonidos- que desprenden humanidad. Nos percatamos, justo antes de terminar el disco, de que lo que une las canciones es esa corriente caserilla en “Tin Man”, su útlima pieza, cuyas guitarras sobrevuelan tan felices como las de Mac DeMarco.

Volviendo al principio, en “Counting Sheep” el coro de medianoche bien podría otorgarse a unos Radiohead provincianos aireándose en la proa de un crucero. Esa brisa que sopla incluso en los momentos más extremos -espectrales, delicados, enrabiados, etc- se agradece. Se la siente soplando entre el óxido, como la de un joven Beck sin sangre azul -pero muy roja- ni peajes.

El silbido onda Andrew Bird de “Dining Alone” huele a tradición Randy Newman pese al tratamiento inusual del respaldo rítmico. En contraste con la fragancia Pulp de “Cops And Robbers”, lo abrasivo de “Mansion Door” -voces a lo Crosby Stills & Nash como contrapunto- y la semicachonda “Aibohphobia”, tenemos una “Backstreet Driver” impregnada de la languidez de East River Pipe -otro que cabalgó solo- y Real Estate. Y está el acertadísimo tono sepia subliminal de “Climb On The Cross”.

Resumiendo, cada canción aparenta poseer tres posibles estribillos esbozados en un sonido personal y lozano, el de un alma rebelde tramitando su inserción en la industria musical.