Me ha costado semanas dar con un hilo del que tirar para describir “Bark Your Head Off, Dog” (Saddle Creek 2018), el nuevo disco de Hop Along. Quizás porque el universo de Frances Quinlan es indescriptible. Finalmente no ha habido más remedio que recurrir a la genética de sus trabajos anteriores asomando en la cuarta canción, “Not Abel”. El alma de romanticismo Joni Mitchell en un entorno grunge femenino, producida por John Agnello entonces, ahora pulida en busca de nuevos horizontes.
Porque, hasta el momento, las tres primeras se alejan de la electricidad, manteniendo solamente su declamar y rasgueo acústico de urgencia inocente -arropándose con sección de cuerda- que cobra visos de montaña rusa en función de la variabilidad de los versos del poema (una frescura vocal preciosa en por ejemplo “How You Got Your Limp”, grácil y sensible como una Mary Margaret O´Hara más limitada).
La electricidad de la segunda mitad del álbum sin embargo no es gratuita. Al revés, está muy meditada. Sobre todo en la increíble “One That Suits Me”, cuya brisa inicial va desarrollándose rumbo a un vendaval tipo la Angel Olsen de “Woman” hurgando en las heridas de Neil Young. Los arpegios iniciales de “What The Writer Meant” la dejan a flote absolutamente encantadora por encima del ritmo zigzagueante refrendado por las cuerdas. Frances cabalga valiente ya fuera del perímetro de las restricciones pasionales, libre, encarando los versos mientras los músicos se conforman con intentar seguirla. Tras el barullo quebradizo, el estribillo de “Look Of Love” abraza con ese último tramo de sus seis minutos, abriendo la puerta al final fantástico -cuerdas, ajetreo, sensibilidad- de “Prior Things”, con el alejamiento de la voz engullida entre las resonancias acústicas.
Ahora mismo su cotización al alza merece una apuesta del mismo nivel. Hablaremos el 1 de enero.