La primera escucha de “Uniform Distortion” (ATO 2018), tercer álbum de Jim James, deja cierto regusto de agobio que roza lo desapacible. Recargado, repleto de tramos donde la pasión sucia se inocula desde un rock con visos de atropello, cuesta de digerir.
Esta voz opaca entre lo lúgubre y lo pastoso, a veces pareciendo provenir de la boca de un crooner de barriada que no está en sus cabales -esas risitas- no obstante está comunicando cosas. Es un mensaje intencionado: ponernos sobre aviso de la saturación de la información -y cómo ésta puede pervertirse para acabar desinformando inconsciente o premeditadamente- con una energía que, bien analizada, es tan o más visceral que la de My Morning Jacket gracias también a la colaboración de Seth Kauffman y Dave Givan, músicos que James ya utilizó en su producción del álbum de Ray LaMontagne.
El resultado musical tiene bastante que ver también con el título del álbum. En bastantes tramos James recurre a resortes de rock clásico. Por ejemplo los acordes inmortales de “You Get To Rome”; no faltan otros guiños a temas conocidos, como “Better Late Than Never” y “Over And Over”; el rock & roll vintage de “Yes To Everything” pasado por la batidora de las imperfecciones, o el soul tórrido típico suyo -“Throwback”- barnizado con tinta prog. Toco empastado con ese vigor tan contagioso de James en cualquier circunstancia que, en las postrimerías de la grabación -el tono Dylan de “Too Good To Be True”-, se revela como su arma secreta infalible. Tras once canciones, la sensación es que convirtió lo fantasmal en confortable sin apenas molestarse en demostrar esfuerzo. Sigue estando por encima del bien y del mal.