Melbourne, la nueva meca musical. O al menos esto parece ante la aparición de bandas como Rolling Blackouts CF, Totally Mild, Camp Cope y sobretodo RVG, la formación liderada por Romy Vager que está apuntalando las conexiones entre pasado y futuro.
Gran parte de la culpa la tiene el álbum “A Quality Of Mercy” (Our Golden Friend 2017), uno de esos debuts que nacen anónimos y entran por la puerta de atrás. Con la voz andrógina de Romy imponente sobre guitarras doradas -Flying Nun, The Go-Betweens y todo lo que buenamente puedas imaginar entre los dos conceptos- brillando desde la psicodelia californiana a Television, estas ocho canciones derrochan aquella magia venerada inolvidable sin escatimar entre sus recovecos un perfume de futuro; o al menos del futuro que muchos querrían pronosticar.
Este perfume se huele en el fragor del tema inicial, “A Quality Of Mercy”, que versa sobre la sentencia de los australianos traficantes miembros de Bali 9 condenados por Indonesia a la pena capital, desde el prisma del reo, con la frase `there´s no evil in me´ estremeciendo. “Cause And Effect” y “IBM” -esta última con pespuntes de guitarra tipo Tom Verlaine- apuntalan su estilo, pero es en “Heart Paste” donde todo explota. Cada vez que la escucho y hundo el hocico en sus arpegios, me embarga una alegría inexplicable; es como surfear a una velocidad controlada consciente de estar al mando del detonador; es el espacio y la reverberación. Reventarlo todo. A la mierda. Hasta que no quede nada excepto yo.
Esta pasión desordenada volverá a producirse en menor escala en “Vincent Van Goh”, casi igual de recomendable aunque perdido ya el factor sorpresa. Y como final, el blues “That´s All” elevando la fiebre hasta alcanzar el epicentro de la cangrena.
A día de hoy, un disco imprescindible.