Pese al aparente poco juego que puede dar de sí su estilo, Damien Jurado sigue sorprendiendo disco tras disco. Su última etapa -muy fecunda- de tres álbumes con la colaboración productora de Richard Swift, parecían encaminarlo a arreglos frondosos y trabajados. Para “The Horizon Just Laughed” (Secretly Canadian 2018), Damien ha prescindido del malogrado Swift, no se sabe si por desavenencias musicales, por el incipiente deterioro de la salud del segundo, o porque quería ser el único responsable decidiendo el tratamiento idóneo para estas once canciones.
Spoiler: el disco es una maravilla. Procede de un lugar poco frecuentado por los cantautores, a veces oscuro, otras diáfano, de difícil acceso cuando uno queda enfangado en las limitaciones que cada palabra del texto define. Pero estas palabras juntas, estas frases aparentemente desconectadas entre sí, guardan una extraña relación que les da el sentido conjunto. La entrada sigilosa de cuerdas ondulantes en “Allocate”, como de un Isaac Hayes poniendo la tapicería nocturna a la voz de John Martyn, crea el clima. I arrived at two from a thought I had, talking with Q in the back of a cab, once we were lost and we never came back, I can only exist so long as you laugh. Viñetas que se cruzan en espacio y tiempo, como reflejos de momentos de distintos viajes, donde se combinan nombres propios de personas, de lugares, y sentencias confesando una emoción. One day the world will be an airport, se escucha en el inicio de este deshecho de intimismo tropical nocturno que es “Marvin Kaplan”. En”Dear Thomas Wolfe” suena también cálido (tipo M. Ward) y en la entonación de “Lou-Jean” remite a Bonnie Prince Billy. Entre ellas va dejando frases interesantes, como en “Percy Faith” (Mr. Allan Sherman, I am writing from the future, where the people never look you in the eye, and there is no need to talk). La pieza más impresionante se titula “The Last Great Washington State”. Esa manera de esculpirla poco a poco, saborear los matices que va dejando el piano mientras se suceden los versos -¡y qué versos!: what good is living if you cannot write your ending? You´re always in doubt of the truth you´re defending- en espera del coro anestesiante. La parsimonia del retablo sonoro, ese discurrir fantástico -no es Cohen ni es Callahan, pero ustedes ya me entienden-, todos los pequeños detalles entre el hilo de las cuerdas: imposible reseñar una descripción a su altura. Nueva obra mayor de Jurado. Sigue sembrado.