Lo de Brian Müller como Skee Mask tiene traza conceptual. Por un lado pone en primer plano su vertiente percusionista. En la trastienda sin embargo asoman sonidos electrónicos variopintos más tranquilos, creando una combinación fascinante. “Compro” (Ilian Tape 2018) se proyecta como la contraposición entre la visceralidad rítmica del breakbeat y lo etéreo del mantra electrónico ambient.
El álbum además parece discurrir según un guión previsto. Lento en “Cerroverb”, medio tiempo en “Session Add” y, de pronto, en “50 Euro To Break Boost”, el ritmo explota. Hay algo grande en esta música. Algo poderoso, brutal y a la vez misericordioso, con una gravedad que aplasta; que parece tropezar para volver a erguirse majestuoso, hasta el punto de hacer preguntarnos cómo puede ser una música de cariz experimental tan descriptiva. “Soundboy Ext.”, rebobinando en el pasado, deja un sabor peculiar entre el jungle y Burial, mientras “Via Sub Mids” evoca el latido de la vida con la sangre fluyendo a borbotones en cinemascope.
Otras dos muestras de la ambivalencia sensorial son “Vli” y “Flyby Vfr”. La primera, con ambient de trazo grueso lacerando en la trastienda; la sensación, pese al retumbar amenazador, es de protección. De que algo bueno va a suceder. Incluso si suenan las sirenas.
La segunda es como viajar en tren y observar desde la ventana. El traqueteo siempre está allí, pero el paisaje enamora igualmente; dos velocidades a priori distintas que se asocian en el mismo plano perceptivo. Y es que en electrónica, cuando la frontera entre el aburrimiento y la intensidad es tan sutil, resulta muy edificante escuchar -atentamente- discos como éste. Comprar “Compro” es una buena compra.