Ah, entiendo. Por mucho que Angel Olsen maquille su silencio con una recopilación de canciones sueltas, sus incondicionales la añoran. Pues con Lucy Dacus no solo podrán acceder al bienvenido paliativo sino que, con el tiempo, pueden aceptarla como una firme competidora.
Ya sabemos que no es lo mismo. Mejor. No tiene por qué serlo. Esta joven de 23 años comparte con Angel una querencia por las estructuras ascendentes que se encaraman a la cima gracias al fuzz agridulce de las guitarras. Lucy no obstante se encuentra más cerca espiritualmente de su amiga Julien Baker (este otoño ambas girarán junto a Phoebe Bridgers en el proyecto Boygenius) después de haber abierto para nombres tan distintos y reputados como The Decemberists, Sylvan Esso o Car Seat Headrest.
Su segundo álbum “Historian” (Matador 2018) tiene un aire continuista respecto al anterior. Pero como en el caso de la Olsen, aunque mantenga el equipo productor, se palpa mucho más compacto, planificado y orquestado que su debut. Su gran baza es la intensidad corrosiva y la fórmula del crescendo a base de inyectar electricidad. “Night Shift” es un buen ejemplo, que amplía el calado en “Nonbeliever”, donde se puede sentir todo el peso de su música con un simple cambio de acordes tras empezar pequeña y ganar musculatura hasta acariciar el esplendor. Aquí contribuyen las cuerdas, y en “Pillar Of Truth” -la más larga y profunda, de grandeza sobria- el empuje corre a cargo de unos vientos no muy alejados de Spacebomb. Para quien no la conozca del disco anterior, la mejor pieza -la instantánea- para descubrirla sería “Addictions”. Cierto, es muy adictiva.