Entusiasmarse con un grupo gracias a unas grabaciones previas a la puesta de largo tiene sus pros y cons. Por un lado, el seguimiento casi obsesivo -verles dos veces durante el primer semestre- puede otorgar cierta autoridad para opinar sobre ellos. Por otro, ese álbum del que todos hablarán durante lo que queda de año te llega con menos sorpresas que a los demás.
Cierto, para mí y para muchos de los que disfrutaron de lo lindo con el mini “The French Press” el año pasado, la primera escucha de “Hope Downs” (Sub Pop 2018) indica que Rolling Blackouts C.F han facturado un producto similar. Muy bueno, sí, pero similar. Lo que pasa es que su energía traspasa cualquier objeción. La fuerza -a priori muy The War On Drugs- de “An Air Conditioned Man” es tan contagiosa que propicia el trasvase de combustión al oyente. Igual sucede con la inmediatez de “Talking Straight”. O con “Bellarine”. Algunas ya fueron asimiladas en directo, asistiendo cómo se intercambian la voz principal según los temas, y donde cada una de las tres guitarras asume en algún momento el primer plano. Lo llevan muy bien pues son gente afable, casi familia de hecho -uno de los padres incluso es quien decide la mejor toma-, y saben cuándo dejar a un lado la pulsación Feelies para ponerse en modo australiano relativamente lánguido, como en “Capuccino City”. Ahora mismo cuesta encontrar en el mercado música con lustre similar, y si no son más famosos es porque proceden de Melbourne y no de NYC.
En definitiva, uno de esos productos de consenso que no podrá ser atacado por el hype , mientras complace plenamente a quienes siguen creyendo que hay algo -indescriptible y vivo- en el alma de ciertas músicas que les confiere un ADN vital. ¿Sigue estando mal llamarlo rock & roll?