Dos palabras: folk y alcoba. A menudo se juntan para definir un tipo de música. No obstante, vagan entre nuestros estereotipos distintas variantes de folk…y de alcobas. Puedo imaginar la de Brigid Mae Power, supongo que antes de compartirla en su relación con Peter Broderick. Una estancia singular sin duda, repleta de objetos también singulares e íntimos, a saber si espartana o recargada, reflejando un universo capaz de inspirar artísticamente un disco tan sensible como “The Two Worlds” (Tompkins Square 2018).
Se siente más cómoda con el piano que con la guitarra acústica. Le va mejor para acompañarla cuando sobrevuela las melodías con su voz (“How´s Your New Home?”), e incluso en algún tema se atreve a quedarse ambos a solas (“Is My Presence In The Room Enough For You?”). En otro utiliza el instrumento para resaltar el ritmo (“So You´ve Seen My Limit”). Con un punto de originalidad -o mejor, personalidad- para que los asimilemos como objetos únicos (incluso en la pieza más musculada, “Don´t Shut Me Up”, se aproxima con retintín Grace Slick como un ejército en la lejanía).
No obstante las canciones clave están construidas sobre arpegios líquidos de guitarras creando una atmósfera de ensueño donde la voz , más que flotar, busca el éxtasis. La más relevante, “The Two Worlds”, es como devolvernos a una Mary margaret O´Hara en plena forma (corre una toma casera por youtube con Broderick a las escobillas para derretirse). Y si el acordeón -o teclado o lo que sea- ya decoró sutilmente algún pasaje como en “Peace Backing Us Up”, en el corte final -“Let Me Go Now”- esculpe un andamio glorioso para que sus cuerdas vocales alcancen la cima.
Lo de folk de alcoba a esta mujer le queda tan corto como decir de Messi que es un jugador de fútbol.