Los discos que no entran a la primera son los que más intrigan y, a largo plazo, los que recompensan. Sobretodo si trabajan sonidos sugerentes como los de los canadienses Bernice en el explícitamente titulado “Puff LP: In The Air Without A Shape”, siete años después del primero.
En su música se intuye lo solaz de un universo privado, entre lo lánguido y lo gaseoso. ¿Tropicalia acotada con bajos sintetizados? No. La madeja es más compleja. Entre lo armónico de la voz susurrante de Robin Dann y acordes que no temen explorar recatadamente algunas disonancias, juguetean con bellas melodías, pervertiéndolas o dejándolas esfumarse en el ocaso de una electrónica frágil. Y entran lo justo para que nuestras papilas ansíen más; como si nos estuviesen educando para llevarnos en el futuro a estratos superiores.
La primera pieza con cierta capacidad para enganchar es “Passenger Plane”, discurriendo planeadora. Durante bastantes tramos -principio de “One Garden”- apuntan la creación de espacios de gravedad cero para atrapar al oyente, y no descartan la fórmula cantautora en el subsuelo (el principio de “He´s The Moon” podría ser el de una alumna de Joni Mitchell explayándose sobre una colcha minimalista). La canción que más conmueve a los amantes de la buena mesa es “David”, cuando no sabes si te recuerda a los Prefab Sprout de “Swoon” o a los de la segunda cara de “Steve McQueen”. No se me ocurre mejor cumplido para este prodigio de sutilezas.