El currículo de la francesa Halo Maud ubica su procedencia en un entorno psicodélico prog. No obstante, una vez asimilado su primer álbum “Je Suis Une Île” (Heavenly 2018), se ha de corregir la primera impresión y tener en cuenta tres factores no precisamente menores.
En primer lugar, publica en una discográfica cuyo nombre desde siempre ha apuntado al dream pop de refilón. En segundo lugar es francesa, con todo lo que vocalmente conlleva. Esta manera de entonar respirando sobre el micro, entre la caricia, el susurro y el amago de tener cuerdas vocales de bajo alcance. Muy sensual y muy romántico, pero a la vez algo obvio. Si a esto unimos referentes relacionados, no es disparatado nombrar a Laetitia Sadier, Stereolab, Melody´s Echo Chamber -también debido al pseudoprog que a esta última le confeccionó Kevin Parker- o, esporádicamente, el tipo de electrónica desplegado por Broadcast.
El álbum pasa bien, salvo -opinión personal subjetiva- cuando fuerza en una misma canción -y no solo es en una- la convivencia entre francés e inglés. Puede ser especialmente encantadora en los tramos synth más etéreos y crepusculares, como en “Proche Proche Proche” o “Dans La Nuit”, algunos incluso con melodías de tallaje sixties. O cuando, como en “Baptism”, la alquimia prende y el hipnotismo musical fraterniza con el vocal. Y el flujo trenzado en “Des Bras” para terminar supone dejarnos con buen sabor de boca de cara a una futura grabación. Au revoir et à bientôt.