Desde el sur de Londres irrumpe una propuesta de sonido muy atractivo, Goat Girl, banda compuesta por cuatro chicas que parecen en principio inspirarse en los equivalentes noventeros tipo Sleater-Kinney. Un rock aparentemente afilado que no obstante se desmarca a través de una mayor amplitud de miras -es otra generación, acostumbrada a utilizar sonidos de campo y estratagemas del hip hop- para conseguir resultados más divertidos.
Esta variedad se hace patente en “Goat Girl” (Rough Trade 2018) sobre todo por la concepción del discurso, un manojo de diecinueve piezas, algunas más cortas que otras -las instrumentales- de distinto pelaje, con un denominador común: perfilar un sonido eléctrico acerado y brillante. Al principio no sabe uno por donde quieren llevarle con “Salty Sounds”, y recibe bien las notas agrestes de “Burn The Stake” en clave Nick Cave femenina. La primera diana se llama “Viper Fish”, cuando enloquecen a ratos tras arrancar con calma tensa. No son The Gun Club ni mucho menos The Cramps, pero la velocidad con que transitan las composiciones y su desparpajo evocan el ímpetu de “Surfer Rosa” de Pixies. Surf, Tarantino y Morricone: mucho más centradas que Jay Som. De hecho, tras la entrada tipo Olivia Newton John tatuada de “Cracker Drool” y un par de interludios instrumentales muy logrados -con cariz urbano como “A Swamp Dog´s Tale” y “Moonlit Monkey”-, convencen definitivamente en “The Man”, con un instinto killer de rodadura de blues cenagoso que apesta a pura gloria cortando el aire (esa amenaza tras cada acorde de que algo puede explotar: su equivalente en clave pop sería “Radar Love” de Golden Earring).
Entre acelerones y pausas, pasajes envolventes (“Throw Me A Bone”) y ejercicios intensos (“Little Liar”), se llega al final con la convicción de que aquí hay algo más que pose londinense a remolque de la tendencia de turno. Gracias a Shame y Goat Girl, la adrenalina del sur de la city desbordará el Támesis.