Las numerosas -y a ratos originales- ideas propuestas por Virginia Wing prometían un camino interesante hacia la madurez. El sonido oscuro y cavernoso de los comienzos -con leve pátina Broadcast- ha desembocado en un tercer álbum ya mucho más compacto y escurridizo a la hora de catalogarlo.
Decididamente arrimado a una forma voluble de synth pop, “Ecstatic Arrow” (Fire 2018) se pone a las órdenes de ritmos sintéticos trabajados por la voz de Alice Merida Richards. Se combinan arranques orientales (“Be Released”) y homenajes al punk funk (el saxo sobre pulso firme atemperado por la voz en “The Second Shift”, y más acerado en “Glorious Idea”) durante el primer tercio de la grabación, tra el cual empiezan a aflorar estribillos interesantes (como el de una “The Female Genius” con atisbos de gloria, o el más amable con la línea melódica tipo Sarah Cracknell en “Eight Hours Don´t Make A Day”) para desembocar con “A Sister” y “Pale Burnt Lake” en un ambiente más de club, donde los bajos se imponen en los altavoces aunque sean de mentira, o sea un sintetizador: de hecho éste se usa también para fijar o aflojar -o a veces ambas cosas- el talante ambiental; más pesado o más florido.
Ya con las formas bien perfiladas, a Virginia Wing tan solo le falta en el próximo trabajo la puntería para dar de lleno en la diana melódica. Ya tienen el notable alto en el zurrón.