Treinta segundos tarda en enamorar “Late Stage Capitalism” (Glassnote 2018), quinto álbum de Jeremy Messersmith; los que tarda “Purple Hearts” en cazar un estribillo formidable tipo Brian Wilson. Será éste un estigma que deberá cargar a lo largo de todo el resto del álbum.
En verdad, escuchándole podría pensarse que no deberían valorarse canciones tan similares en estilo a otras clásicas, si no fuese porque los estribillos -y la confección de las piezas- son de matrícula de honor, y porque en el trasfondo subyace una crítica al sistema. Dícese que éste debería ser el cuarto disco pero, al ganar Donald Trump las elecciones, Jeremy prefirió publicar antes “11 Obscenely Optimistic Songs For Ukelele: A Micro Folk Record For the 21st Century”. Cosas que pasan cuando has tocado para Barack Obama.
Volvamos al apartado Beach Boys. Hasta ahora el pop de Messersmith estaba mejor identificado con el pop de Beatles. Y si ya se le percibía lozano para ser un residente en Minnesota, la inyección de temas soleados tipo California se agradecen aún más. Porque además de los Wilson -el tintineo inicial de “Happy” es un mazazo-, tres o cuatro canciones distintas entre sí también evocan lo más dulce de la Costa Oeste, destacando “Don´t Call It Love” a modo de incursión en el tipo de folk pop 70s tan bien formateado por Jim Croce o Nilsson. El rockabilly suave de “Jim Bakker” casi es para despistar; porque el néctar está en la tropicalia de “All The Cool Girls” o en la estructura -explotando en el estertor- de “Fast Times In Minnesota”.
Por supuesto una obra tan bien remachada provoca la curiosidad para averiguar el nombre de los implicados. Y entonces es cuando nos percatamos de que las casualidades apenas existen. “Once You Get To Know Us” está compuesta junto a Dan Wilson, el de Semisonic (que ya le produjo el segundo álbum). En “Postmodern Girl” aparece Daniel Tashian, el productor de Kacey Musgraves (y Josh Rouse, toda una pista cuando pienso en la calidez tan similar a “1972” que produce). Y también Andy Thompson -como en “Happy”-, arreglista de Belle & Sebastian e ingeniero de Taylor Swift o Jason Mraz. Si se le añade lo principal -y ya mencionado previamente: unas composiciones de diez- se puede intuir mejor el buen sabor que deja. Un señor postre para la sobremesa perfecta.