Mi sangre griega no cede ante cualquier apellido -Kapranos por ejemplo- pero sí tiene sus debilidades. Un poquito de Angelakos y bastante de Eleanor Friedberger. Sobre todo si esta última ha buscado inspiración en la franja nocturna de escapismo helénico. El collage de la contraportada de “Rebound” (Frenchkiss 2018) es explícito.
Cada vez más lejos del espíritu caótico/indómito/abigarrado de The Fiery Furnaces, en esta ocasión ha compuesto en clave pop y ha buscado una colcha electrónica para resaltar las sensaciones que pretende comunicar. Entra en “My Jesus Phase” como el pisar de un felino, y este sigilo se reafirma en el acompañamiento de teclados sobre caja de ritmo de “The Letter”, que continuará en buena parte del resto de la grabación, con un aire vintage conocido. No sabes si es Enya o Black, pero si que este `ya ya ya´de la pieza, seguido por una guitarra cortante, te ha conquistado.
Es el groove de algunas piezas -como “Make Me A Song” o “In Between Stars”- más que el beat de club de otras -“Are We Good?” y “Showy Early Spring”- lo realmente novedoso, sobre todo si sabe dosificarlo con tramos lentos como los de “Nice To Be Nowhere”, emoción sintética ensoñadora cuyo aderezo de guitarras finas incrementa la solemnidad. Y la despedida con un vals electrónico crepuscular como “Rule Of Action” por supuesto no tiene precio.
Pereza cálida nocturna de nivel alto, la de una Elena Friedberger más sobria que de costumbre.