Ya lo tenemos aquí. Ya se ha publicado el debut de una de las bandas con mayores esperanzas depositadas, como se apuntó hace año y medio aquí. Después de muchas especulaciones ha visto la luz el primer álbum de The Fernweh (Skeleton Key 2018). Enhorabuena.
Una sensación agridulce me invade por encima de la propiamente derivada de su estilo musical. Tantos meses de saborear las cinco piezas disponibles entonces en internet, resulta un poquito decepcionante toparse con cuatro de ellas encabezando el arranque del disco, como si durante este tiempo no hubiesen encontrado -o confiasen en- otras nuevas con que alternarlas. Por otro lado, es una gozada disponer por fin en formato oficial -digital o físico- de esta inmaculada sucesión consecutiva de buenas canciones, donde certifican el altísimo nivel de su combinación de folk británico y psicodelia dulce, con Love y los Shack de Michael Head en primer plano referencial.
Acerca de las otras nueve piezas, se alejan disimuladamente del patrón establecido por las anteriores. Sin dejar este sonido a medias destartalado -aún dudo si es mejor y más natural así, o hubieran saltado la banca con un productor profesional adecuado-, asoman variantes destacables. “Dressing Up Box” y “Leaf Didn´t Move” ceden protagonismo al saxo -la segunda con acordes de matriz sixties-, el tono apacible de folk invernal deleita en “Hand Me Down”, y tejen combinaciones vocales ambiciosas en “Where Did The Sea Go?”. Mientras, con el tiempo, las piezas colocadas al final -como “One Hundred Flowers Bloom”, “New Brighton Sigh” y “Little Monsters”- empiezan a cobrar peso. Cierto, no consiguen eclipsar ni a las iniciales ni a “Is This Man Bothering You?” pero en conjunto forman un bloque colosal.