Siempre que se acercan las fiestas navideñas, por alguna razón digna de análisis, los corazones se ablandan dejando paso a buenos sentimientos que incluyen el aprecio de canciones que, en otras épocas del año, consideraríamos banales. Tiene mucho que ver con lo sucedido a lo largo del año, a la situación personal de cada uno y a los buenos deseos.
El caso es que el fallecimiento de mi cuñada a una edad relativamente temprana me ha dejado conmocionado. Uno se pregunta por qué la vida se lleva a unos y deja -momentáneamente- a otros, qué orden natural desconocido prevalece en la selección -más allá de la alimentación, los hábitos saludables, el deporte, el estrés y demás zarandajas-, y finalmente se rinde ante la realidad: ni soy el primero que se lo pregunta, ni creo tener a mano instrumentos fiables para ser el primero en averiguarlo.
Ante tal panorama y un estado de sensibilidad sobreactivado, cualquier canción de éxito con una melodía vulnerable y un texto apropiado causa estragos en el ánimo. Imposible no percibir el estremecimiento al escuchar en estas circunstancias “Seasons In The Sun” de Terry Jacks. Pero aún más impactante -por las fechas, por el invierno- resulta “Alone Again (Naturally)” de Gilbert O´Sullivan, una pieza detestable en mis años mozos -la voz nasal, el trote fácil, incluso el look de mequetrefe de la portada del single: prefería mil veces su primer hit “Nothing Rhymed”- que ahora me provoca un profundo sentimiento de desazón al relacionarla con mi cuñado. El que sobrevive al otro y ha de replantear su vida, con el final demoledor en unos versos compuestos por un chico de 21 años:

I remember I cried when my father died
never wishing to hide the tears
And at sixty-five years old
my mother God rest her soul
couldn´t understand why the only man
she loved had been taken
Leaving her to start
with a heart so badly broken
despite encouragement from me
no words were ever spoken
And when she passed away
I cried and cried all day
alone again
naturally

Fíjense si he perdido los estribos y me he dejado llevar: he encargado el nuevo álbum -por cierto nada atrevido, simplemente simpático- de este setentón poco mediático. Sería una decisión atípica e impensable en cualquier otra circunstancia; la rendición ante este indiscutible número uno de cuando imperaban los buenos deseos. El mío, para el año que entra, es que la salud nos proteja de la acritud de los tiempos.